lunes 28 de diciembre de 2009

10 libros del año 2009


Tom Jones, de Henry Fielding
Cátedra
Obra completa, de Cyril Connolly
Lumen

Amarillo, de Félix Romeo
Plot
Las primas, de Aurora Venturini
Caballo de Troya
Los juegos feroces, de Francisco Casavella
Mondadori
La cosa en sí, de Andrés Trapiello
Pretextos
Una mirada en palabras, de Alberto Corazón
Seix Barral
España, de Manuel Vilas
DVD
Me acuerdo, de Joe Brainard
Sexto piso
Diarios, de Leon Bloy
Acantilado

jueves 24 de diciembre de 2009

Cómo saber cuál es la mejor editorial de España en 2009...

La objetividad existe, lo que pasa que no nos sale de la polla buscarla. Por ej: ¿cuál es la mejor editorial de España, al menos en 2009? Fácil. Explico mi método seguidamente.

Suele considerarse como buena editorial aquella que publica buenos libros, autores cojonudos. Disiento. Una buena editorial no tiene que llegar a tanto: una buena editorial sólo tiene que hacer que te interesen sus libros. Esa es su labor, si luego no te gustan, te jodes. Además, qué es un buen libro, un autor cojonudo. Para mí, Perico, para ti, Perica: así no se puede llegar a nada, y en este blog queremos llegar a algo, una verdad, por mucho que los retards progres y los que no creen en Dios hagan de la agnosis su diagnosis.

Por ello, mi método es simple: matemáticas. Cuento los libros que leí este año, cuento y sumo los que pertenecen a cada editorial. Quién tiene más puntos, es la mejor; y punto. Si ha conseguido que me lleve su libro a casa ha hecho bien una de estas mil cosas:

-elegir un buen autor, un autor que me convoca
-elegir una buena novela, una novela que me convoca
-diseñar de forma atractiva
-chuparme la polla enviándome el libro gratis
-hacer trabajo de prensa, hasta convencerme
-robar autores guays a otros sellos
-dar un premio que parezca limpio
-no publicar a mujeres
-no publicar a autores cuyo puto nombre no somos capaces de pronunciar
-laminar con coca las páginas de sus libros...

La mejor editorial de España/2009 es Mondadori. Casi no me ha gustado ninguno de los libros que he leído, pero los he leído, los he odiado, he puesto mi tiempo en su puto catálogo. Es la mejor, o me tendría que deprimir.

La segunda mejor es Anagrama.

Las demás están a una larga distancia. Y no creo que eso sea casual. Es lo que hay.

Que den conciertos.

Datos de Lector Mal-herido en 2009:

Libros leídos/comentados: 106.
Editoriales: 39.

Desglose(*):

Mondadori (13), Anagrama (12), Lumen (5), Seix Barral (5), Alfaguara (4), Caballo de Troya (3); con menos de 3: Alfabia, Debate, Pretextos, Ediciones B, El Aleph, Emecé, Planeta, Tusquets, Impedimenta, Sexto Piso, Alpha Decay, Libros Libres, Bruguera, Algaida, Thule, Lengua de Trapo, DVD, Visor, Melusina, El acantilado, Menoscuarto, Destino, Espasa Calpe, Alianza, Salto de página, RqueR, Hiperión, 451 Editores, Libros del Asteroide, Blow up, Ellago, Cátedra, Siruela.

(*)Cuentas realizadas para Lector Mal-herido por una becaria lesbiana negra celiaca obesa. No nos hacemos responsables de los errores.

viernes 18 de diciembre de 2009

Cómo hablar de los libros que no se han leído, de Pierre Bayard

Algunos lectores varones entenderán enseguida los postulados de este ensayo, postulados que las mujeres difícilmente van a pillar. ¿Os acordáis de todas esas chicas que no os habéis follado pero que vuestros amigos creen que sí? Pues este libro es igual.

El franchute Bayard ofrece en Cómo hablar de los libros que no se han leído no una guía de cómo hacer eso exactamente, sino un anecdotario de situaciones de no lectura y de escritores que no llegaron a conocer libros fundamentales. Ay, nosotros, pobres intelectuosos, nos la pasamos leyendo como enfermos para que luego un Valery, un Wilde o un David Lodge den conferencias (incluso: nos las den a nosotros) de esos mismos libros cuando ellos no los han abierto. El propio Bayard es profesor de literatura en la universidad, y ni siquiera hizo el master de Literatura Comparada ni leyó a Proust.

Que le despidan ya mismito. Es como hacer una guía de viajes de Australia sin haber salido de Alcorcón. Cuela, pero nosotros que hemos comprado la guía y estamos perdidos entre canguros no nos estamos riendo, joputa.

El cinismo es tan postmoderno, uf.

Me gusta mucho este tipo de ensayo, o sea sé, un ensayo que se entiende. Leyéndolo me he dado cuenta de que, entre los libros que uno puede comentar sin haberlos leído, están precisamente los ensayos enrevesados y crípticos (no por la complejidad de sus ideas sino por la complejidad de su exposición) debidos a Deleuze et alia. Yo, es cierto, que no los he leído, tengo la sensación de haberlo hecho, y lo que es más punky, de tener un opinión sobre su contenido (que ignoro).

Esta línea marca Bayard en su rastreo de la historia literaria. Ahí se le ve enseguida el mecanismo: en realidad a Bayard no se le ha ocurrido todo esto, sino que leyendo a Musil y leyendo a Lodge, estableció una conexión que iluminó esa lectura transversal de la historia de la literatura. Y así funciona este libro: acumulando testimonios de no lectura de clásicos.

Por lo tanto, el ensayo pica de ameno, pero peca de periodismo. Hoy día pensar, lo que se dice pensar, no se piensa mucho. Ya nadie piensa: nos limitamos a señalar con el dedo los pensamientos de los demás.

Follar no se folla mucho: nos limitamos a señalar con el dedo los polvos de los demás.

**
Aquí termina la lectura pública de este blog: en lo que queda de año me uniré a la tendencia generalizada de resumir, topetear (de top) y ungir (del griego Hunjir) que caracteriza nuestro ecosistema cultural.

Ciao.

"Jamás leo los libros que debo criticar, para no sufrir su influencia." Oscar Wilde Juan Mal-herido.

martes 15 de diciembre de 2009

Las mujeres y los días, de Gabriel Ferrater; F., de Justo Navarro

Según la paradoja de Epiménides, no todas las mujeres son unas putas. Bueno, al menos en Creta.

Viene esto a que Las mujeres y los días, título total de la obra total poética del catalufo Ferrater remembra a Los trabajos y los días, de Hesiodo, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿son pa el catalufo Ferrater las mujeres un trabajo? Pues casi, dado que su idea de la mujer, como tantos de su generation, es básicamente la puta la esquina.

Es, realmente, la hostia considerar, como hace Lumen en la cuarta de cubierta, que a un tipo "le gustan mucho las mujeres" cuando lo que le gustan son las putas. Hay un diferencia importante entre una mujer y una puta, y entre que te gusten las mujeres y que te gusten... acabad la frase en casa. Que a uno le gusten las mujeres significa que le gusta la dificultad, la conquista, el misterio; que a uno le gusten las putas significa que le gusta el poder del dinero, el placer de poder con el dinero.

Muy distinto.

Ya he dicho miles de veces que esta generación que perdió la virginidad en los burdeles lleva muy mal que las mujeres no tengan el precio colgando. Se les hacen muy incomprensibles. También es verdad que Cataluña no es Creta, pero eso también lo he dicho miles de veces.

Entonces tenemos al catalufo Ferrater con sus poesías, unas 250 páginas, escritas, medio folio, en 6 años apenas. Resumiendo: el mejor poeta catalán del medio siglo palante del XX. Poco le costó. Como a Ferlosio. Yo, si escribiera, querría escribir poco y ganar muchos premios... Ah, tengo que decir una cosa al ministro de Economía y a todos los concejales de España: estamos en crisis, tíos, anulad todos los premios literarios. Hay miles de putos ayuntamientos tirando el dinero en los amigos de., y ya está bien, es un disparate y un dispendio y una gilipollez y no aporta nada a la literatura: ACABEMOS DE UNA PUTA VEZ CON TODOS LOS PREMIOS LITERARIOS DE MIERDA DE ESPAÑA.

O convocadlos sin dinero, ya veréis como no gana ninguno los que ahora los ganan todos.

Abrid un parque, una escuela, un asfaltado: lo que sea, pero dejad de robar al contribuyente.

Ferrater, el catalufo.

El caso es que la poesía de este señor está bien; sin embargo, la contra dice mucho que no lo está: no salen realmente tantas mujeres (¡no salen apenas!), no hay carne ni sexo, no hay coito ni coyunda: es falso que las mujeres sean tema en el catalufo Ferrater: aperecen más mulas que mujeres en sus poemas. Otrosí: es falso que la ciudad sea un tema en Ferrater: casi todo en sus versos (yo es que lo he leído: a lo mejor no hay que leerlo para entender que la ciudad es un tema en Ferrater, catalufo) son mulas, va dicho, playas, bosques, la luz de la mañana y demás mariconadas. No, que está bien, pero calle hay poca, y no se encienden los semáforos.

Nunca entenderé cuando la descripción de un libro, que aparece en el propio libro, no tiene puta que ver con el libro.

F., de Justo Navarro, es una novelita sobre Ferrater. El asunto de interés es que Gabriel, contando 35, le dijo a Jaime Salinas: no cumpliré los 50, antes me mato. Efectivamente, pocos días antes de cumplir 50 se mató. ¿Cómo? Navarro no lo dice. ¿Soga? Navarro no lo dice. ¿Pastis? Navarro no lo dice. ¿Cuchilla en vena? Navarro no lo dice.

No dice casi nada Justo Navarro, prosa lírica y sobria, lírica y sobria un poco para nada.

--

Pastillas (artículo de Mª Ángeles Cabré, traductora de la cosa)

domingo 13 de diciembre de 2009

Los héroes inútiles, de (o con) (o entre) Leopoldo María Panero y Diego Medrano

La literatura española tendrá en la generación de los 70 a su última generación estimable: eso he pensado al descubrir que Diego Medrano nació en 1978, y que no sabía quién era.

Me interesan todos los autores nacidos en los setenta, por eso de ver morir la palabra preciosa, la novela y el lector con ínfulas. Los que viene detrás no saben escribir, son tontos y guapos, sus padres viven de regalías políticas y, encima, creen que el cambio climático es un género literario, cuando se trata de una ficción controladora.

Por eso Los héroes inútiles; no porque Panero mole, que mola, y esté loco, que cuerdo no, sino por ver de qué palo va y en donde los da el Medrano, chavalito de Oviedo, Umbral in ovo, patidifuso de bibliotecas polvorientas. Le gusta mucho Azorín: no se diga más.

Los héroes inútiles, editado por la improbablemente valenciana editorial Ellago (improbable porque en Valencia, aparte de drogarse, no sabía yo que hacían libros, pretexto; los valencianos son tan tontos como los catalanes, pero por lo menos se divierten sin la excusa de que lo paga Planeta), se trata, el libro, digo, de las cartas/cartas que Panero en su mani y Medrano en su Vetusta se cruzaron no sé cuándo, creo que 2005 o 2003.

La correspondencia, de normal, es para contar cómo le va a uno, "ponerse al día" y suplicar ídem del bote al otro lado del envío. Nada de esto vemos en Los héroes inútiles, donde dos parasíes peroran empedernidos en sus particulares obsesiones en sesión continua. Empieza uno que le interesa más lo que dice Panero, que es como un Vila-Matas echado a perder, de tan citatis citandus que es el caballero; pero acaba uno, o sea sé, yo, saltando por encima de Panero para ver lo que cuenta Medrano, que es como un Juan Manuel de Prada echado a perderse, con más calle y menos pentasílabos, y un considerable afán de pontificar sin criterio. Lo normal: cuando tienes los 25 años te puedes permitir decir que Faulkner es una puta mierda; luego cumples 40 y esa afirmación te queda grande, porque a la juventud se le exige exactamente decir que Faulkner es una puta mierda, punto de partida de tu propia obra ambiciosa. A los 35 (Connolly dixit) llega la menopausia del escritor (comillas), esto es: me parece que Faulkner ya no voy a ser.

Panero está tan harto de ser Panero, que nos lo recuerda todo el rato: soy Panero, Leopoldo y María. También iterativo es su citar: "La muerte convierte la vida de los hombres en destino", que adjudica a Malraux y, cuando tiene el día optimista, a sí mismo. Y cita: "El lenguaje es un sistema de citas". Y cita: "La vida es una sombra que se ejerce."

Todo Panero es ya la literatura hecha yonki, porque la sordidez de los libros no es la pobreza final de los escritores, o el mamoneo de todos esos premios repugnantes (que también), sino haber perdido contacto con los otros, y no darse cuenta de que también se necesitan palabras que no pueden ser citadas, y que por eso mismo merecen la pena las personas que no escriben; que ni leen.

La gente es más genial que el genio.


70.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Concierto del No mundo, de A.G. Porta

Desde que Joseph Conrad, en 1899, hiciera a Marlow pisar "una lata de bizcochos Huntley and Palmer" en El corazón de las tinieblas, las latas de bizcochos han ido ganando terreno en la literatura. En El Quijote no se pisaban latas de bizcochos, ni Huntley and Palmer ni Noel; en los libros del siglo XVIII nadie dijo nada de Huntley and Palmer, ni de Durex, ni de Pocoyó. No había televisión, y los niños jugaban con la madera, y con su propio cuerpo, porque la cultura y la tecnología no son otra cosa que una gran conspiración contra la piel. Contra el olor. Contra la materia.

Propongo a mis amables lectores (es Navidad) localizar o reconocer sus localizaciones primeras de "lo pop en la literatura". 1899, Huntley and Palmer, de Joseph Conrad, es mi carta más alta. Entiende uno que la cultura de consumo entra en los libros cuando entra en la vida, y que, seguramente, antes del XIX a nadie se le habría ocurrido hacerle la publicidad a una compañía de refrescos, un fabricante de pelucas o una marca de cuadernos. Las cosas recibieron muchos nombres en el siglo XX, y dejamos de señalarlas con el dedo.

En nuestros días literarios, cualquier novela hace publicidad gratuita de Coca Cola, Google y Micah P. Hinson. Una novela pop hace a un personaje beber Coca Cola, buscar putas en Google y escuchar a Micah. Además, Danone o Nestlé pueden enfadarse contigo si creas un asesino en serie que le mete yogur o chocolate en el coño a sus víctimas antes de partirlas con un hacha. Jodes su imagen, tron. La industria del capital quiere salir guapa en las novelas, compañera consumida con amor.

El motivo por el cual un escritor desea hacer publicidad gratuita a El corte inglés es un misterio, dado que su novela, de luego, no va a estar en El corte inglés siquiera; el futuro de la literatura, puesta ya a barrer escaleras, podría estar en cobrar porque los personjes fumen Lucky, y no la primera marca que fume el autor, que a lo mejor es, efectivamente, Lucky.

Si despojamos de referencias pop a una novela pop no nos queda ni novela. La novela pop, por tanto, es una novela que se consume a sí misma, y que desaparece, arte efímero, cuando cierra la fábrica de Coca cola. Joseph Conrad elegía muy bien sus bizcochos, porque Huntley and Palmer aún no ha cerrado.

La novela pop está escrita para ser leída aquí y ahora; si la literatura, como dijo uno en su blog, "está hecha para que no la entiendan los muertos" no deja, sin embargo, de estar hecha para que la puedan leer los que luego vivirán. El lector del año 2200 coge la novela pop de 2001 y no entiende nada, porque no le acaricia el intelecto los Micah P. Hinson, el Lucky y la Coca cola: todo serían absurdas notas a pie de página: "Famoso producto del siglo XX, Cantante del siglo XX, Marca de condones del siglo XX". El lector de novela pop no lee literatura universal (tiempo y lugar), sino literatura temporal-universal (lugar). Richard Wright va a tapar con pintura su premio Turner, cuando acabemos de verlo. Con las novelas pop podríamos hacer lo mismo.

No sé si es esto, pero es por aquí por donde algunos autores, a veces, echan la llave a la puerta de la calle y no dejan entrar al repartidor de pizzas en su novela. Entonces hacen una novela blanca, como esos jarabes que vienen en cajas sin letras, salvo unas que rezan "jarabe". La novela blanca sigue el curso noble de la palabra, y es anabaptista e intelectualmente autárquica: no nombra nada con mayúsculas. Las marcas comerciales y los cantantes folk se escriben con mayúsculas, es la idea.

En Concierto del No mundo, AG Porta no cita ni a Dios. Los personajes son "el viejo guionista" y "la niña", que están "en la capital del país vecino", que leen al "autor que revolucionó la literatura del siglo XX" o al "autor que revolucionó la literatura del siglo XX", que se llaman igual pero no son el mismo; que siguen en "el periódico" las andanzas de su "futbolista favorito" de "su equipo favorito" y ven en la tele "una película vieja" donde "un actor" acomete "una escena". Todo es indefinido y, al mismo tiempo, sabemos que es París, que es Proust, pero ya nombrarlo, aquí, en este post sin gracia, me da que viola la novela, que no es leerla bien.

Concierto del No mundo es un concierto del No logo que, siguiendo consignas de W., entiende que nada existe fuera de la propia mente, ni siquiera Fanta Naranja.

"Pero también hubo esperanzas de crear para vencer al tiempo, esperanzas de que el lenguaje sobreviva a la muerte. Ésa era la esencia de la literatura clásica." (Steiner)


No logo.

lunes 7 de diciembre de 2009

Ciudad de Dios y El libro de Daniel, de E.L. Doctorow

Hubo una época en la que los comunistas valían para algo: para ser ejecutados. Ahora, todoacien, ser comunista no vale más que para escribir en Público, ganar el Nobel o que te echen de Público.

Ponga un comunista en su empresa, durante un rato.

Vivimos tiempos horrorosos, con comunistas de quitaypón y nuestros derechos fundamentales pisoteados. En los años cincuenta, en Estados Unidos no había derecho a ser comunista, pero tenían todos los demás derechos: derecho a ver la tele, derecho a comer hamburguesas y derecho a tres strikes. No estaba mal. Ahora, joder, en España, joder, de todos nuestros derechos fundamentales, ¿cuál nos queda?

Echemos un vistazo a los derechos fundamentales de nuestros días:

DERECHOS FUNDAMENTALES DE NUESTROS DÍAS

1. Derecho a la vida.
2. Derecho a bajarse gratis un disco de Azúcar Moreno.
3. Derecho a una vivienda digna.
4. Derecho a ver gratis Torrente IV.
5. Derecho a un trabajo.

Esos son nuestros derechos fundamentales; muy fundamentales. Pues bien, no teniendo keli digna ni trabajo, ahora ¡quieren quitarnos los derechos a bajarnos el disco de Azúcar Moreno y a ver gratis la cuarta parte de Torrente! Joder, no entiendo cómo no se monta una enorme revolución YA MISMO. Porque no tener trabajo ni casa, bueno, lo vamos superando, pero, dios mío, cómo superar la prohibición de bajarnos discos gratis (de Azúcar Moreno) y de ver películas gratis (de Torrente)? ¿Eh? Cómo superar eso.

E.L Doctorow. Pues a este escritor-judío-de-NuevaYork, hay tantos, le pasa algo así con El libro de Daniel: ¿Cómo superarlo? No creo que pueda.

Miscelánea ha publicado este mismo año El libro de Daniel, de 1971, y Ciudad de Dios, del 2000. Dos libros de un mismo autor separados por 30 años: todo un dilema.

Porque quién era Doctorow y quién era Doctorow y quién es ahora Doctorow; qué quiso decir y qué quiso decir y qué quiere decir, ahora. Y qué le dice un libro al otro libro cuando salen a la vez, viejos ambos, pero uno más viejo que el otro.

Ciudad de Dios va de Dios en la ciudad de Nueva York. Sí, en Nueva York no sólo hay azar y putas caras, también hay Dios. Doctorow predica en prosa la historia de una cruz robada a una iglesia y aparecida en una sinagoga, link narrativo que pone en diálogo a todos los diosecillos y a sus rebaños. Tiene una fuerza centrífuga, E.L., que emplea para hablarnos de ÉL, pero la novela, como tantas y tantas veces lo he comentado aquí, no va hacia ninguna parte, no me promete nada en la pagina final, sino que se complace en su estructura delirante, en sus acometidas puntuales, dejándome hacia la 50 un poco ateo de literatura. La dejé, vamos.

El libro de Daniel es buenísimo. Eso es lo importante: es buenísimo. E.L. no habla de ÉL sino del pueblo elegido.

lector: ¿Los judíos?
lector2: ¿Los Bush?
lector3: ¿Leo Messi?

¡No, coño! La raza de los acusados.

Tomando como planilla la historia de los Rosenberg, Doctorow arma una novela sobre comunismo en los años cincuenta, sobre espías que a lo mejor lo son y sobre hijos que pagan el pato por liebre.

"El radical no debe defender su inocencia, porque el juicio no es obra de él; debe defender sus ideas."

Como en Ciudad de Dios, el delirio puntual, la ocurrencia excursiva y la baja vanguardia otorgan carácter a la novela. (Nota: "baja vanguardia" es una expresión que se me acaba de ocurrir y que no significa nada: me encanta.)

También hay mucha metaliteratura, mucho narrador yotuél, referencias al Me acuerdo de Brairnard, al Franny y Zooey de Salinger y a la marcha pacifista de 1967 sobre el pentágono que contaría enseguida (1968) Norman Mailer en Los ejércitos de la noche...

Hubo un tiempo en el que los derechos civiles eran una cosa seria.

viernes 4 de diciembre de 2009

Mi manifiesto: una entrevista a Ángeles González-Sinde

No sé cuando la ministra de Cultura se reunió con decena y pico de "gurús", "internautas relevantes", geniecillos de la Red, indispensables de la cosa. González-Sinde les dedicó media hora. El motivo es obvio: yo no fui convocado. A continuación transcribo las dos horas de conversación que sostuve en privado con la ministra de Cultura.

disclaimer: esta entrevista es inventada, no me cierren el blog

Ministerio de Cultura. Madrid. Dos sillas.

Angeles González-Sinde: Hola, Juan.
Juan: ...

Angeles: ¿Enfadado?
Juan:....

Angeles: Huy, qué morritos. Qué tierno eres.
Juan: No me llamaste.
Angeles: Ya. Tampoco llamé a los demás millones de internautas. Llamé a los que molan, no sé, una lista que tenemos por ahí.
Juan: Una lista ¿elaborada por quién? ¿Votada democráticamente? ¿Elegida por quién?
Angeles: No sé. Fíjate lo democrática que es la Red que sus líderes se eligen a sí mismos.

Juan: ¿Y por qué les atendiste sólo media hora? ¿Me extrañabas?
Angeles: Sí, no había ninguno guapo... Es broma: media hora les di. El motivo es obvio: estamos reunidos por un tema importante y ellos, como niños, se dedicaban a actualizar sus cuentas de Twitter. ¿A ti eso te parece serio?
Juan: Evidentemente no, dado que estoy poniendo yo las palabras en tu boca: no me cierren el blog.
Angeles: Es como si me reúno con unos drogadictos para tratar el tema de los hogares de acogida y se dedican a pintarse rayas sobre la mesa durante toda la reunión. Como si departo con Valdano y Butragueño y se pasan toda la charla haciéndose pases de gol. No sé tú cómo lo ves.
Juan: Ver parlamento ut supra.

Juan: Entremos en materia. ¿De qué coño va todo esto?
Angeles: Va de que la coyuntura tecnológica ha posibilitado que determinado material sea accesible sin el concurso del intermediario comercial. Ese material es: música, cine, libros y software.
Juan: ¿Por qué sólo hablamos de música?
Angeles: Porque la música tiene el mercado más amplio en lo que a tráfico de soportes se refiere e Internet ha invalidado ese soporte. Eso afecta a varios miles de trabajadores, cuya situación es apocalíptica. El gobierno tiene que hacer algo.
Juan: ¿Por qué a la gente le importan tres cojones los músicos?
Angeles: ¿Porque follan más? Ni idea. El gobierno legisla para todos los colectivos. Otro ejemplo: millones de personas se oponen al matrimonio gay; se legisló: apenas se han casado mil parejas, 2.000 personas. No por eso vamos a desamparar a los gays que desean casarse.
Juan: También hay millones de personas que lo apoyan.
Angeles: Eso no deshace mi argumentación.

Juan: ¿Por qué la defensa de la descarga gratuita tiene cariz inquierdista?
Angeles: Porque en su discurso se emplea la expresión "cultura libre", amén de otros clichés en cierta medida demagógicos, como "la mayoría", "el pueblo" o "los ciudadanos".
Juan: ¿Desde cuando un cedé de Azúcar Moreno es Cultura?
Angeles: ¿Y qué es Cultura? ¿Alta, baja cultura? ¿La música es cultura? ¿El fútbol es cultura? Quizá todo lo que hace el ser humano es cultura. La gastronomía. Todo es cultura.
Juan: Entonces ¿por qué no es gratis comer en El Bulli, ir al Bernabéu y comprar en el Carrefour?
Angeles: Te lo dije más arriba: porque la coyuntura tecnológica no permite "bajarse" un salmón a la plancha. Cultura Gratis significa Ocio Gratis. ¿Por qué? Porque el ocio hoy en día es, sobre todo, audiovisual. Sin embargo, imagina algo como lo que estamos viviendo con los músicos en el terreno del fútbol, nunca mejor dicho. ¿Crees que sería tan fácil, tan impune? ¿Crees que los grandes magnantes del fútbol iban a dejar que las cosas llegaran a este punto? ¿Crees que los internautas se atreverían contra el fútbol? Pero, por desgracia para nuestro sentido del humor, el fútbol tampoco se puede bajar. La gente lo paga.
Juan: Por no hablar de "las discográficas": el diablo, oh.
Angeles: Sí, más demagogia. Muy progre. Qué malo es el empresario que se enriquece con el trabajo de los músicos. Los grandes artistas pop de los noventa, Michael Jackson, Madonna, no hubieran sido posibles sin un inmenso aparato de gestión detrás de ellos. ¿Alguien cree que un producto "cultural" de dimensiones planetarias es posible sin la participación de un "diabólico empresario"? El cine, por ejemplo. ¿Cómo se van a producir películas grandiosas como La lista de Schindler si no hay detrás un capitalista que espera su ROI?

Juan: ¿Qué pasa con lo de los conciertos?
Angeles: Sencillo. Estamos aún con la música, por lo que, preguntados por cómo va a vivir esta gente, se puede responder: de los conciertos. Imagina de qué va a vivir un actor, un escritor: de qué conciertos. En todo caso, también con los músicos se puede preguntar: de qué conciertos. En qué salas. A cuántos conciertos va la gente. Que uno no se compre un cedé no se transforma inmediatamente en que uno se compre una entrada para un concierto. En Madrid hay pequeños cafés donde toca gente que no ha grabado aún un disco; y tocan precisamente con la esperanza de grabarlo. ¿Vamos a echar a esa gente a la calle, al parque? ¿Va a ser rentable dar conciertos ante 50 personas?
Juan: Aparte de que un concierto vale, de media, mucho más que un cedé. Hoy, Prodigy, 40 euros. Hace meses, Leonard Cohen, casi 100. ¿Por qué un cedé se considera caro y un concierto, cuanto más vale, mejor parece?
Angeles: Esa es una buena pregunta.

Juan: Sigo con lo de la izquierda: ¿no es despiadado, casi ultracapitalista, expresar las opciones de los músicos en términos de: que den conciertos?
Angeles: Sí. Es como despedir a un trabajador por ser feo, por ser viejo, por estar embarazado, por cualquier motivo "coyuntural" y decirle: friega escaleras, la vida es dura.

Juan: Cultura gratis. La gente ama de verdad la cultura, ¿eh?
Angeles: Sí, ¿no te has dado cuenta de que, aquí en Madrid, es salir a la calle y escuchar enseguida hablar de Vila-Matas y Wittgestein? El Prado, llenito cada día. Los teatros, a rebosar. Todo el mundo sabe quién fue Segismundo Casado y cuándo fue la batalla de Pavía. Es obvio que la gente demanda cultura gratis, conocimiento constante. No pueden vivir sin él.
Juan: Ya lo dije en su día: ¿y por qué no es gratis la comida? Yo, que soy rarito, prefiero un kilo de azúcar moreno a un disco de Azúcar Moreno. ¿Por que no es todo gratis?
Angeles: Porque existe una cosa que hace rodar el mundo: el dinero.

Juan: Ya que estamos en un blog genial de literatura, qué pasa con los libros.
Angeles: Que no se venden. Esa suerte tienen los escritores. Nadie se molestaría en teclear en word una novela y colgarla en internet. Y nadie se molestería en leerla. Con el formato digital, la primera molestia ha terminado, pero no por eso va a estar todo el mundo bajándose novelas y leyendo dos al día.
Juan: Otra molestia: escribir novelas.
Angeles: Eso es otro cantar. La figura del escritor que soporta una situación rayana en la miseria y que, de pronto, triunfa y sale de ella va a terminar. Nadie se va a morir de hambre si no tiene esperanza.
Juan: Bueno, puede morirse de hambre pero, si ha escrito una obra maestra que lee todo el mundo a lo mejor le invitan a un café. Vamos, las palmaditas en la espalda no se las quita nadie.
Angeles: Hasta le puede salir un concierto, si vamos a eso.
Juan: Cuál será el modelo, entonces.
Angeles: Bueno, si atendemos a la historia de la literatura, los escritores pobres surgieron en masa en el siglo XIX. Antes sólo escribían los ricos, los nobles, y los patrocinados. Puede que vuelva, por tanto, la figura del mecenas, que sería el Estado.
Juan: Es como si el Estado ahora le dijera a Juan Marsé, oyes, Juan, que mis ciudadanos reclaman otro libro tuyo; venga, 50.000 euros y nos lo escribes...
Angeles: Puede ser, al igual que tantos artistas de obra única viven de exponer en galerías internacionales. Sin embargo, y esto te lo digo a ti, que en el congreso no puedo (nota: esta entrevista es falsa, no me cierren el blog), sin embargo, me da a mí que si la literatura recibiera subvenciones estatales como el cine las recibirían los mismos que reciben las becas y los premios, es decir: los mafiosos, los avispados, los talentos sociales, nunca los escritores de verdad. Y, por supuesto, se les pagaría para que escribieran, como hace el cine español, sobre pobremas sociales que nos importan a todos, esto es, los que pone de moda El País.
Juan: El panorama es estupendo.

Angeles: ¿Puedo preguntarte yo a ti, Juan?
Juan: Esta noche he quedado, pero llamáme el lunes, a ver.
Angeles: ¿Por qué te inventas esta entrevista, claramente antipopular?
Juan: Porque a diferencia de todos esos músicos indies que piensan igual que Luis Eduardo Aute, pero que no lo dicen porque saben que pierden afecto público, a mí el afecto del público no me importa.
Angeles: ¿Y qué te importa?
Juan: Decir lo que me da la puta gana.

jueves 3 de diciembre de 2009

El arcoiris de gravedad, de Thomas Pynchon, y página 134

Todo abandono es una huida del vacío.

lector: ¡No jodas!
Gamoneda: ¡Y luego dices de mí!
González Sinde: Yo no he sido.

Abandona uno un trabajo, una zorra, un libro porque, muchas veces, el trabajo, la zorra y el libro son tan jodidamente insustanciales que uno se ve cara a cara con el tiempo...

Gamoneda: ¡Y luego dices de mí!
juan: Déjame, jo.

Vamos, que el aburrimiento es como mirar un reloj sin agujas: el aburrimiento es todo el tiempo del mundo. Desperdiciado.

Juan: Gamoneda, yo creo que esto que estoy diciendo es cojonudo, no compares, por favor.
Gamoneda: Es verdad, es verdad, Juan; espero que te den el Cerblogntes.
lectora felacional: ¿No te han dado nunca un premio, juan?
Juan: Nope. Los premios sólo se los dan a los reaccionarios y los tradicionales. ¡Esto es la puta vanguardia!
González Sinde (que me pone mogollón, por cierto): ¡Yo no he sido!

Cómo me pone, la ministra. Yo creo que las ministras, siendo mujeres, tenían que estar todas buenas. Y vestir sexy. Luego si no saben sacar punta al lápiz, no importa: hay muchas feas con sacapuntas en el bolso.

feminista habitual: Pa feo tú, joputa.

A lo mejor algún día, con esto de hacer ministerios gilipollas, hacen (lector A: Oye, di algo del Pinchón) el ministerio de lo de Internet. ¡Me lo pido! Juan Malherido, ministro de lo de Internet. Del PP. Si fuera ministro de lo de Internet lo primero que haría sería comprar un megabanner en El País y en El mundo durante todo un año y poner allí mi cara y un mensaje para mi padre: Tú sí que no has llegado a nada, cabrón.

Y a mi madre le alquilaría un anuncio anual en las páginas de contactos, para que tuviera una buena jubilación.

El arcoiris de gravedad es un coñazo y, sobre todo, un lío. La veritá es que la traducc no está mal, y aporta una prosa de fuste, con cierto ritmo también. Va la cosa de la guerra, la buena, la de Hitler. Estamos en Londres y caen bombas y unos tipos las cuentan con los dedos de las manos. Luego se van de putas, o miran socavones.

Hay algunos vados frescos, frases coloquiales, temita porno, escatológico también, que alienta al principio un poco la lectura; pero, de luego, se ve uno metido en nosesabequé, en dirección desconocida, sumando lances y materia (porque Pynchon rellena novela con las cosas) al buen tuntún, al buen boom boom, al mal run run; y corro en busca de un lugar mejor donde perder la vida.

Porque mi mano derecha abarca el resto del libro, que son 800 pags, y me envía señales de que no quiere estar ahí agarrada X las horas, sólo porque Pynchon no se deja fotografiar y le gusta mucho a Andrés Ibáñez; sólo porque Pynchon es un Gran Escritor Que No Se Puede Leer; sólo porque alguien dijo que era un Gran Escritor; sólo porque uno sea más feliz estando de acuerdo con ese alguien que dijo; sólo porque...

Que os follen.

martes 1 de diciembre de 2009

El arcoiris de gravedad, de Thomas Pynchon: página 0

Los libros no tienen página 0. Tampoco tienen página 1; ni página 2; ni página 3; ni muchas veces páginas 4, 5, 6 o 7. El número, vamos. Casi todas las novelas empiezan en la página 9, menos las de Thomas Bernhard, que no empiezan nunca; o las de Manuel Vilas, que empiezan siempre. Luego hay rizomas, dicen, yo no sepo, que ni empiezan ni terminan, y son siempre, esas novelaz, miga, pura miga, transición y deriva.

Me doy cuenta de que aún no salté los plomos de la injuria. Es Navidad, guapos, según las luces.

El caso es que ya tengo en mi palacete de Hanoi la novela voluminosa, luminosa, mimosa y osada de, oh, agiten sus joyas (Lennon), Thomas Pynchon, alias el Pinchón.

Me aburre ya de su peso en sí, pero le daré una oportunidad al Pinchón hasta la página 200. Las novelas, sépanlo novelistas y listos que quieren serlo, no se abandonan por justicia distributiva, piedad proporcional o porcentaje de tu corazón: se abandonan en la página 50 (que siempre viene, en los libros, cifra que tiembla). Cifra que tiembla porque en la 50, supongo que hay alguna relación con hacerse viejo, morir, perder, haber perdido, perder el tiempo, la novela ya no empuja al lector, sino que es el lector el que tiene que empujar la novela, o sea sé, querer leer. De ahí, decía, que se abandone lo mismo una novela de 120 páginas que una de 1000: en la página 50.

Los cuentos es distinto (digresiono) porque, al ser un género menor, se aplica la ley de discriminación positiva y al menos se los lee hasta la mitad. Los poemas es distinto también: la parte en blanquito es ya esa mitad que vamos a dejar sin leer, que nos regala el poeta como área de servicio para circular más constantes por el asfalto de su lirismo, tan ardiente, oh.

A lo que iba. ¿Cómo se sopesa una novela? Yo tengo mi método y, como soy genial, lo impongo al mundo y a la posteridad.

Sopesar: minin: que uno entra en la librería y ve toda esa magnitud de la tragedia literaria, diseminada en pequeñas losas de papel pensado, y picotea y hoza y roza las cubiertas, hasta que, imperialmente, elige un book y se lo lleva.

Este sopesamiento se hace de la siguiente manera:

1. Se coge el libro. Al estar de cara, se ve la cubierta. Se lee el nombre del autor y el título de la novela.

2. Se voltea para mirar el precio.

3. Se hojea hasta la última página para saber cuántas páginas tiene.

4. Se abre por la primera para ver en los créditos el año de publicación.

5. Se lee la solapa para ver el año que nació el autor: se calcula a qué edad escribió el libro.

6. Se lee la primera frase del libro.

7. Se hojea un poco, leyendo en diagonal.

8. Se cierra y voltea para ver la sinopsis o comentarios del editor en la contracubierta.

9. Se queda uno mirando de nuevo la cubierta, dubitativo.

Eso es. Los libros se compran por muchas razones: el lector avanzado sólo por una: la tipografía. La lectura en diagonal arroja a la retina un misterioso dibujo de letras inconexas y espacios en blanco, y es en ese dibujo donde se presume, presupone, que la novela puede ser buena; como las caras: las caras no se leen, pero se entienden.

Yo he hojeado El arcoiris de gravedad y, para mi desgracia, no me ha gustado su rostro.

Hasta la 200, espero.