viernes 23 de febrero de 2007

Pretty Mouth and Green My Eyes, de JD Salinger

Este relato es uno de los tres que más me gusta de Nueve cuentos. El motivo es simple: me acuerdo de él. Cuando pienso en los Nueve cuentos, me acuerdo de Teddy, me acuerdo de El periodo azul de Daumier-Smith, me acuerdo de Pretty Mouth and Green My Eyes y me acuerdo de que todo el mundo se acuerda de Un buen día para el pez plátano.

Pretty Mouth and Green My Eyes es un cuento-escena. Los cuentos-escena son mucho mejores, mucho más difíciles de escribir, mucho más difíciles de apreciar y mucho más susceptibles de ser releídos que los cuentos-sinopsis. Creo que por eso Monterroso no escribía cuentos-escena.

En el que nos ocupa, destaca sobre todo la maestría (hay que escribir la palabra tres veces más para ver si por una vez nos la creemos: maestría, maestría, maestría) de Salinger con los diálogos. En realidad tampoco es tan complicado hacer buenos diálogos. Se trata de una sola palabra: naturalidad.

Estas son las lecciones de Salinger en este cuento sobre cómo escribir diálogos:

1)Hay que dejar algunas frases sin terminar.
2)La conversación no ha de seguir un cauce “lógico”; no ha de funcionar como una escala numérica o un diccionario, sino como cosas que se caen.
3)Hay que poner contestaciones a preguntas que no se han hecho, preguntas que no van a ser contestadas, líneas de diálogo que no tienen nada que ver con lo que se dijo anteriormente, tacos, latiguillos propios de cada hablante.
4)Las acotaciones de los diálogos no tienen que decir cómo hablan los personajes. Las acotaciones, en realidad, sólo son relleno. Silencio, de hecho.
5)Hay que estar atento a los gestos.
Eso es todo.

Pretty Mouth... nos cuenta una conversación telefónica entre dos hombres. Uno de ellos echa de menos a su mujer, en términos de “Dónde estará esta zorra”. El otro está con una mujer. El diálogo, maestro como decimos, nutre por sí solo al lector; pero además esta la trampa de hacernos pensar que la mujer con la que está el otro hombre es la que busca el primero. Todo la tensión se completa con un apabullante uso de los nombres: sabemos el de la mujer que no está en su casa, el del marido que la espera como un loco; pero no el de la mujer que está con el hombre en la cama, ni el del propio hombre. Sólo en el momento de la desvelación de la verdad, Salinger nos dice cómo se llama ese hombre.

Genial, vamos.

Me encantan los diálogos. Por motivos menos snobs de lo que parece debo leer estos cuentos en inglés, y resulta maravilloso paladear el habla inglesa en su estado puro. Anoto como final de esta reseña un parlamento que, literalmente, me maravilla hasta el punto de divertirme en su traducción:

“Brains. Jesus, if you knew how funny that was. She thinks she´s a goddam intellectual. That´s the funny part, that´s the hilarious part. She reads the theatrical page, and she watches television till she´s practically blind –so she´s an intellectual. You know who I ´m married to? You want to know who I´m married to? I´m married to the greatest living undeveloped, undiscovered actress, novelist, psychoanalist, and all around goddam unappreciated celebrity-genius in New York. You didn´t know that, didja? Christ, it´s so funny I could cut my throat”


//Cerebro. Dios, si supieras qué gracioso fue. Ella se cree un maldito intelectual. Esa es la parte graciosa; la parte hilarante. Lee la página de teatro, y ve la televisión hasta quedarse prácticamente ciega... Una intelectual, vamos. ¿Sabes con quién estoy casado? ¿Quieres saber con quien me he casado? Estoy casado con la más grande y, sin embargo, aún no desarrollada ni tan siquiera descubierta, actriz, novelista, psicoanalista y todo lo que se te ocurra de genial en general en Nueva York. No lo sabías, ¿eh? Dios. Es tan gracioso que me cortaría la garganta.//



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17 comentarios:

Roberto dijo...

no veo la trampa. Y si la hay, yo sigo dentro.
Para mí son la misma mujer, y esa mentira final me parece terriblemente conmovedora y patética. Tanto como para provocar un simulado y repentino dolor de cabeza.

Un abrazo

mer dijo...

De acuerdo con Roberto, yo lo entendí así. Saber que es Joanie la que está con Lee hace que la segunda llamada de Arthur sea desgarradora, un patético intento por convencer a su amigo de que su vida no es tan patética.

Y coincido también en que Salinger es uno de los mejores escritores de diálogos que leí en mi vida. Seguramente el mejor de los que leí en inglés. (En español, Manuel Puig me parece un genial escritor de diálogos).

Saludos.

lector dijo...

ay, los diálogos de Puig... qué maravilla. Y qué maravilla Puig, y qué poco nos acordamos de él...

Natalia Book dijo...

Sí, pero: los nombres de los dos hombres quedan claros desde el principio:
'Lee? I wake you?'
The grey-haired man glanced briefly left, at the girl 'Who's that?' he asked 'Arthur?'.
Yo también creo, aunque no se diga, que Arthur sabe todo y por eso llama una segunda vez. Dio un oportunidad a su amigo de contarle la verdad. Luego le humilló con la segunda llamada. Pero eso no es seguro, claro. Salinger siempre juega a ocultar cosas.
Saludos

juan dijo...

Se me pasó por la cabeza que SÍ fuera la mujer que el otro buscaba... Pero me parece tan burda esa trama... Tan... de Paul Auster...

Gracias!

mer dijo...

Me parece que sería burda si lo hiciera explícito. Pero dejarlo como una posibilidad no parece tan burdo, sino más bien sutil. Creo.

juan dijo...

Yo creo que es explícito. Es lo primero que piensa uno (yo, al menos) cuando empieza a leer: "Ah, qué listo, le llama el marido de la mujer con la que está follando..."

Luego, he vuelto a mirar el relato, también español por si acaso, y no acabo de estar seguro de que la chica sea la misma que busca el otro. Primero, si Arthur es su marido, cuando oye que es Arthur al otro lado de la línea, cuando menos debería inquietarse. Por muy "mala" que sea, por mucho que deteste a su marido, lo normal, lógico, sería que empezara a vestirse para volver de inmediato a casa y que su marido no la descubra. No lo hace. Y tampoco parece muy interesada por la conversación, que gira entorno a "ella".
Además, el colgado que llama, borracho, y siendo como es de carácter pusilánime, no creo que sean tan "valiente" como para llamar otra vez y mentirle a Lee, ni mucho menos tan cínico como para llamar donde sabe que está su mujer y decir: Mi mujer está aquí.
No sé.
En todo caso, me equivoqué diciendo que no se nombraba a los personajes: eso sí.

Roberto dijo...

a mí me gusta que no sea ella. Y creo que puede ser, por supuesto.
Lo que pasa es que ME ENCANTA que sea ella únicamente por esa mentira final del marido, que yo quiero que sea mentira.

Natalia Book dijo...

En realidad no hay nada seguro. Salinger siempre juega a ocultar cosas, a no decirnos nada. De todas formas yo sigo creyendo que Arthur lo sabe todo.
Saludos

Anónimo dijo...

dos cosas:!) "Un buen día para el pez plátano" sigue siendo un cuento espléndido; probablemente el mejor de los nueve; 2) Paul Auster, ¿qué te pasa con él, chico? No es tan malo ni tan facilón como pretendes, aunque está "muriendo de éxito en sus últimas novelas, pero, por ej., la ahora llamada trilogía de N:Y. no está al alcance de cualquier plumífero

juan dijo...

precisamente La trilogía de NY, en concreto La habitación de cristal, que es lo que he leído de la trilogía, ¡TE LA ESCRIBO YO EN DOS HORAS CUANDO QUIERAS MUCHO MEJOR!

Anónimo dijo...

Bien, por tu autoestima, juan.
Y mal para tu criterio

Anónimo dijo...

De todas formas y ya puestos, lo que me gustaría escribir a mí, y no hace falta que fuera en un par de hora, si no echándole hasta años, es algo así como estos cuentos, o bien, "Pálido cabaallo, pálido jinetes" de Katherine Anne Porter, que supongo que no conoces, porque en caso contrario habrías hablado de estos relatos

juan dijo...

No los conozco, pero tratándose de una recomendación suya, haré todo lo posible por seguir sin conocerlos.

(.)
Es broma. No lo conozco, no. Me lo apunto.

Anónimo dijo...

Ya sé que era broma. Te doy más datos. La tal Porter es la de la novela "La nave de los locos", que quizá sí conozcas. Saer, el argentino que palmó hace poco escribió la típica frase que colocan en las fajas de los libros (él lo hizo en un prólogo): "Pálido caballo, pálido jinete goza del raro privilegio de pertenecer al puñado de libros perfectos de nuestro siglo" Parece Borges, pero pese a tan lamentable frase, en estos relatos no hay más que chicha, nada de grasa: perfectos.

estibaliz dijo...

pretty mouth and green my eyes

cuando hace unos meses leí el título del post sobre el cuento [que no he leído] creí que hablaría de una canción de PJ Harvey [Angelene] en la que la protagonista [Angelene, puta] se describe a sí misma con atributos tales

y eso

por si interesare

juan dijo...

Siempre interesa.