viernes 6 de abril de 2007

Un buen día para el pez plátano, de JD Salinger

Al final del cuento, el protagonista se pega un tiro. El suicidio de Seymour Glass llama mucho la atención de los lectores y, después de acabar Nueve cuentos, la mayoría se acuerda siempre de Un buen día para el pez plátano, y suelen señalarlo como su favorito.

Al final del cuento, repito, el protagonista se pega un tiro. Al principio, no; si se pega el tiro al principio luego hay que escribir algunos renglones más para que el texto pese como un cuento; pero después de un suicidio liminar ya poco se nos ocurriría escribir que estuviera a su altura. El suicidio Salinger lo pone al final, para que nos interese el cuento.

Hasta entonces, el cuento no le interesa a nadie. Primera parte: una mujer habla con su madre por teléfono. Se está pintando las uñas, además. La habitación del hotel. Fin de la primera parte. Segunda parte. Una playa. Seymour con una niña. Miran el fondo del mar, a ver si hay peces plátano. No hay. Fin de la segunda parte. Epílogo. Un ascensor. No me mire los pies, señora. La habitación. La mujer que hablaba por teléfono con su madre duerme. Seymour se sienta en la otra cama. Se pega un tiro. Nuestro cuento favorito.

Hay tensión, porque la madre le pregunta a la mujer, por teléfono, si “él” está bien. Esto nos da pistas de que el hombre no anda bien del campanario, de que habrá que tener cuidado con él. En todo caso, es un hombre casado, lo que siempre es sinónimo de no estar bien del coconut. Su mujer, que se pinta las uñas, es una mujer normal. Consumista y todo eso. A mí no me extraña nada que se suicide Seymour. Es lo suyo. Ves a una niña en la playa, tan linda, tan abierta a la vida y las olas, y luego subes a tu habitación de hotel y ves el final del proceso: una mujer que sólo se interesa por pintarse las uñas. Y, claro, te tienes que volar la cabeza.

Supongo que podría hablarse de este cuento en términos de: lo que oculta la felicidad burguesa. El hastío de ir de vacaciones otra vez. El tedio de la suegra telefónica. El sopor de haber llegado al sitio donde se supone que tienes que llegar y darte cuenta de que, realmente, no hay nada más. Que eso era todo.

Estoy poniendo mi vida en el cuento, soy consciente.

Luego, por ahí, veo que se interpreta el suicidio como psicosis o secuela de guerra. Salinger estuvo, en la II, y a veces, muchos lectores, no todos necesariamente anormales, ven por todas partes metáforas de la contienda. Les entiendo. Si crees que la vida en paz es fantástica, lo normal es que creas que un personaje no se va a suicidar porque su mujer se pinta las uñas, sino porque perdió a su amigo Johnny en Iwo Jima. Y una pierna. En Normandía. Jo, qué trauma.

Decía Thomas Bernhard que no se suicidaba porque sentía “curiosidad”. Yo he visto la tele muchas horas seguidas, y si una cosa puedo deciros es que ya no siento ninguna curiosidad.

El cuento en realidad sigue después de que se produzca el suicidio.

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6 comentarios:

bluff dijo...

Malherido se mata -nos mata- un poquito.

Y, nosotros, siempre dispuestos a morirnos un poquito; se lo agradecemos.

Se lo agradezco, yo, un viernes santo.

Julian Bluff

Anónimo dijo...

qué bien que juan nos "explique" a Salinger: convierte algo bueno en algo penoso. A lo mejor así sale de su cueva el otro.

ariadna dijo...

Por fin encontré el libro. He leido este cuento y dos más y la verdad es que este me ha decepcionado un poco. Me lo habían pintado como una obra maestra y la verdad es que los otros dos me parecen mejores...

Igual estoy enferma pero yo no paraba de pensar en que See more Glass le iba a enseñar su pez platano a la cría y de hecho aun creo que se lo enseña...

juan dijo...

Ariadna: tú di que sí!!

Portorosa dijo...

A mí sí me gustó. Y debe de ser del único que me acuerdo; por el suicidio, claro.

Tonet dijo...

Oye Malherido, me has hecho reír con tu crítica del "pez plátano". Y es un logro, porque son casi las 3 de la mañana.
Desde luego estás peor que Montano (por cierto no veo por aquí nada sobre Vila-Matas)