Fresán nos augura un placer inigualable con Cheever. La verdad es que Cheever debe de ser muy muy bueno, porque después de atender a las alabanzas estereofónicas del prologador, a uno Cheever le parece realmente excepcional.
El problema y la particularidad de este prólogo es que no acaba nunca. Como las réplicas de un terremoto, Fresán sigue prologando la obra todo el tiempo: delante de cada relato, dos páginas de Fresán: que si este es el mejor cuento epifánico de Cheever, que si en este nos habla de su alcoholismo, que si en este mata a un niño al final.. Jo, Rodri, tío: danos un poco de autonomía, que no somos tan tontos…
Otra cosa que no entiendo de este libro, que la verdad es que está muy bien editado, tiene un gustosísimo papel y se beneficia de una traducción con máculas pero de considerable altura, es el orden de los cuentos. Como no están ordenados cronológicamente, no entiendo cómo están ordenados. Según el santo criterio de Fresán, que considera lógico poner un cuento de 1971 antes que uno escrito en 1962.
El caso es que me ha encantado el libro. Como estoy muy inseguro y, realmente, me considero exento de todo talento, sentido del humor y aptitud incisiva (¿será el calor de agosto, será el frío de vivir, será, quién sabe, la tibieza de no querer?) os contaré así sin mucha gracia de qué va Cheever.
Dicen que es el gran autor de la clase media. En mi opinión lo es de la clase media alta, pero dejemos eso. Sus cuentos son bastante monotemáticos, al punto de que, después de acabar La geometría del amor, tengo la sensación de haber leído una novela. El personaje principal suele ser el marido: tiene una esposa consumista y unos hijos idiotas. Viven en casas enormes. Se odian los unos a los otros. Y eso es.
Cheever odiaba a Salinger: eso se deduce de un extracto epistolar que ha encontrado Rodri quién sabe dónde. Le irrita que lo comparen, a JD, con Shakespeare. Curiosamente, los cuentos de Salinger son muy diferentes de los de Cheever. Salinger crea escenas y no se dedica a narrar y narrar como hace Cheever. John sí hace biografismo, eso de contarnos que alguien está casado con y trabaja en y gana tanto y durante X años hizo tal o cual cosa. Un estilo de contar, en mi opinión, muy por debajo del estilo creador de Salinger, que no necesita informarnos de nada, porque, si un personaje es verosímil, su presente lleva incardinada toda su vida pasada.
Ya os dije que este post no iba a tener puta gracia. Estoy de capa caída…
En fin, me ha gustado mucho este libro. Sobre todo los cuentos: El ladrón de Shady Hill, Las joyas de Cabot, El ángel del puente, El brigadier y la viuda del golf y El océano.
Curiosamente, los cuentos destacados por Fresán, Capote y Nabokov (El nadador, El marido rural) no me han resultado especialmente interesantes. El marido rural ni siquiera me lo terminé.
Vamos, que estoy fatal.
















16 comentarios:
Cheever es la hostia. Y mucho menos artificial que las tetas que pintaba Támara
L.
a mi cheever me aburrió.
una experiencia terrible.
Sabiondo se escribe sin hache. No tiene nada que ver con una sabiduría "honda", sino con un diminutivo latino emparentado con, por ejemplo, meditabundo (no meditabhundo). Ciao.
Gracias.
un blog que no da jabón gratuitamente y es lúcido y no memo con la literatura
oh, fortuna
la red nos protege de esnafrarnos contra la estupidez cultural absoluta
Estibaliz, un consejo desinteresado:
Cámbiate el nombre, aunque sea por una sigla (pRUM, por ejemplo) o por una marca comercial, porque de verdad, es preferible llamarse Pikolín o Cola Cao, sobre todo si haces crítica cultural radical.
L.
Sabihondo y sabiondo: ambos son válidos.
Cheever es magnífico, un gran escritor.
Gracias, anónimo. Pikolín o Cola Cao? Bueno, tal vez elija Pringles Paprika.
O tal vez no. Estíbaliz es la marca comercial de un santuario. Me vale.
A veces estos prólogos son necesarios para que nos interesemos por el libro los que somos indecisos, frios, desapasionados, o estamos hartos y ahitos de tanta ficción, de tanta letra, de tanto de todo
Saludos
Lukas
A mí me pasó lo mismo con el prólogo y las notas al pie de Fresán, pero no sería tan tajante al decir que nos toma de tontos: quizás se pone en un lugar un poco pedagógico, pero es verdad que el conocimiento del contexto y el autor de una obra permite lecturas nuevas. Para mí, el problema está en que sea una condición obligada de lectura: que ese prólogo esté ahí, esas notas mezcladitas, inevitables de ser leídas. Y el otro problema que subyace, para mí, es: ¿hasta qué punto tiene relevancia conocer la vida del autor para interpretar su obra? Aquí esto tiene especial relevancia porque después de la muerte de Cheever, fueron editados sus Diarios. Y gran parte de la interpretación de Fresán está hecha a la luz de esos diarios (de ahí sale el episodio respecto a Salinger). El tema es que el propio Cheever usaba esos diarios como ejercicio de escritura, incluía fragmentos en sus ficciones y problematizaba la práctica de la escritura mientras realizaba sus obras. Por otra parte, los mismos tienen valor literario en sí mismo, dado que, a mi juicio, que el referente sea real o ficticio no determina la calidad artística de una obra. Ahora bien, lo que yo creo es que los Diarios se devoraron la ficción de Cheever, tal vez en parte debido a que hay una tendencia social a disfrutar de los detalles íntimos, sórdidos, de personajes reales; se la devoraron porque son una condición de interpretación casi ineludible -en este caso de la Geometría...pero también de otros relatos y de sus novelas-. Y eso tiene que ver con esa decisión editorial de prologar y anotar y explicar, promoviendo una intertextualidad que es más bien impuesta, lo que en este caso produce ese efecto de control de la biografía por sobre la obra literaria. Con esto quiero decir que se impone una cierta guía de lectura, que tiene que ver con someter a la ficción a la función de esclarecedora de una interrogación: ¿quién es Cheever?
Me podrían decir de quién es el dibujo o la pintura de abajo del artículo
¿Alguien sabe de quien es esa ilustracion de la mujer con el sombrero?
De Tamara de Lempicka, Anónimo. Búscala en la Wikipedia.
Años después, llegó un desconocido y afirmó lo siguiente: sabihondo está aceptado como palabra correctamente escrito. Al igual que sabiondo. No lo digo yo sino el María Moliner.
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