La historia arranca con polvo. Mucho polvo. Pasas páginas y pasas polvo; hasta parece que los dedos se te cargan de polvo. Pero no es mérito de McCarthy, sino de la editorial Mondadori, que rocía con cocaína el papel de sus novelas.(Es la única manera de que los lectores de Salman Rushdie viajen a Oriente ...)
lector killer: Oyes, ¿y al Rushdie este no era que lo iban a matar?
juan: ¡Claro! Llevan matándolo 20 años. Es que cuesta mucho encontrar su mansión: cuando van a la de Londres, está en la de Nueva York, y cuando van a la de Nueva York, ¡está en la de Londres!
lector killer: Sí, eso lo complica todo.
El caso: en La carretera no follan, y mira que da ganas el asfalto de potenciar la polla y poner a las perritas mirando a Cuenca City mientras les indicas con el dedo el desvío cuya fatal omisión les ha costado el coño.
El número 4, niña.
Me pregunto cómo van a hacer una película con este texto sin Jessica Alba o Rosario Dawnson revolcándose por el polvo de la "brillante" adaptación. Sí. Me pregunto quién querrá hacer de protagonista si no se puede follar a Jessica Alba. Me pregunto por qué Jessica Alba no me chupa la polla. ¿Le he hecho algo? ¿Algo malo? Jo. Me pregunto tantas cosas.
Como por qué escribo sobre esta novela si en realidad no tengo nada que decir sobre ella.
Pero nada.
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6 comentarios:
es que no te ha leído, juan, jessica alba.
yo tampoco te chuparía la polla, para qué más que la verdad, pero pondría a mi hermana a hacerlo ya mismo.
(¿tú tienes hermanas?)
La carretera la leí en un par de tardes veraniegas, sentado sobre la arena de una playa semidesierta con una dosis ajustada de hachís y teniendo el mar como única alternativa visual a las páginas del libro. El mar me suele poner nostálgico, como si removiera, además de la arena del fondo, los recuerdos más profundos de mi memoria. De tal manera que, mientras leía el libro y avanzaba en la relación entre padre e hijo que allí se describía, me dio por acordarme de la relación con mi padre durante mi niñez. Y me emocioné porque, sin ser yo padre, entendí que el peso de la responsabilidad y la fuerza del cariño hacen que un padre decida no meterse una bala en la cabeza en un mundo del que ya no espera nada. Y entendí el coraje de mi padre (y de mi madre) en algunos momentos de sus vidas. Supongo que será así: un hijo puede llegar a ser, cuando todo se derrumba, la única alternativa a una dosis antidepresiva de 9 milímetros Parabellum.
Un saludo.
Marcos.
Personalmente creo que es mucho más fácil aguantar sin suicidarse como padre en un mundo devastado que en un mundo como el que conocemos, en el que a tus hijos siempre los puede cuidar la televisión.
De literatura no sé si sabrás algo (no sé si alguien sabe algo en alguna parte), pero para lo importante (escoger tías buenas con morbo/iconos para pajilleros)eres un hacha. Si tu blog se publicara en papel sería pegajoso, como esas revistas de las que nadie sabe y que aparecen en épocas de reforma bajo los colchones y en los altillos de los armarios.
Tengo buen gusto, es sabido.
¿Tienes el teléfono o el fax de esa chica?
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