La comida no es gratis. Si vas por la calle pidiendo vasos de leche a lo mejor tardas un poco en conseguir uno. Y a lo mejor es leche caducada, leche sucia, leche con miguitas. Leche no dan así porque sí. Ni pan tampoco. Si vas al estercolero, enorme, inmenso, encontrarás muchas cosas. Leche no. Pan: lo siento, pero no. Sólo mierda.
Comer en El Bulli tampoco es gratis. De hecho, es muy caro. Seguirá siéndolo. Por mucho que te empeñes, por mucho que tu estómago se empeñe, no podrás ir a El Bulli y comer gratis. Si lo haces, tendrás problemas y no habrá nadie que te dé la razón. Comer gratis en El Bulli: ¿de qué coño vas, chaval?
Así las cosas, sólo te queda esperar tu momento. Ese momento se llama caos. Si vives en Los Ángeles, y acontece un terremoto, quizá puedas, durante un par de días, pillar todo lo que haya en el supermercado. La policía está confusa, muchos niños se han caído de la bici y hay mujeres colgando de los balcones. Aprovecha. Coge todo lo que quieras. Se llama pillaje pero, por una vez, nadie te dirá nada. Volverás a casa con el carrito (robado) lleno de comida (robada) y lo aparcarás en el salón de tu casa. Luego te desplomarás en el sofá, mirarás la montaña móvil de alimentos y dirás: hostia, cómo mola: todo gratis.
A lo mejor te gusta tanto que juntas a un par de amigos y fundáis la Asociación de Alimentos Gratis: Free Food. Free Food, sí: es un nombre muy chulo. Seguramente cuatro o cinco amigos más se unirán a Free Food. Seguramente, algún periódico enrollado sacará un par de columnas. Escritores (enrollados), pintores (enrollados) y cantantes (enrollados) os apoyarán. Los carniceros, pescaderos y lecheros se pondrán de muy mala hostia, pero, mira, que se jodan. Free Food, tío, la comida debería ser gratis.
La comida debería ser gratis: ¿quién puede resistirse a esa frase? Comida-gratis. Joder, es tan obvio que no necesita defensa. Todos tenemos que comer, por qué cojones vamos a pagar para comer; por que cojones hay gente (los negritos, tronco) que no pueden comer. No tiene sentido, cómo no lo habíamos visto antes: Free Food.
Al final lo conseguiréis. Todo aquel que no se dedique a fabricar alimentos estará de vuestra parte. Robar al prójimo es legal si estamos todos de acuerdo. Yo estoy de acuerdo, qué coño: leche, pan, mejillones y paté gratis. Póngame cuarto y mitad de eso de ahí también, no sé cómo se llama. Caviar, como sea. Es comida; es gratis.
Sin embargo, joder, poco a poco el panadero se hará escritor, el lechero se hará cantante y el patatero, no sé, se dedicará a chupar pollas. Algo para ganarse la vida. Se lo advertisteis, pero no os hicieron caso: oye, tío (dijisteis), cómo vas a cobrar por los tomates que plantas, ¡es comida!, ¡es vida!, no puedes ponerle un precio. Free Food. Ni caso. Lo dejan. Así que los tomates serán cada vez peores, y el caviar desaparecerá; y la leche, bueno, la podréis obtener con vuestras propias manos (¿tú?, ¿tú?, ¿quién dedicará unas horas al día a ordeñar a las vacas?, ¿sabes?, no era tan fácil, ¿eh?). Bueno, pues leche no habrá.
Ni pan. ¿Tú sabes hacer pan? ¿Vas a dedicar dos/tres horas al día a hacer pan gratis? Mmm, me parece que no. Tú no mueves un puto dedo sin que te paguen. Pues nada, ni pan ni leche. Ni tomates. Ni mejillones, lo siento. No habrá nada de comer. Parece que nos hemos metido en un buen puto lío de cojones, sí.
Bueno, ahí está la mierda. Al final puede que nos guste.
Hay mucha y siempre fue gratis.
Perdición 2.0















10 comentarios:
Lo ofrecen gratis en la web de la editorial Melusina.
Antes no tenía el enlace a mano. Lo hago ahora. En la página de la editorial donde viene la ficha del libro, abajo, a la izquierda, tenéis la versión digital de la obrita que Juan se está leyendo.
Le robamos al lechero. El lechero le roba al productor. El productor le roba a la vaca.
Subvencionemos a la vaca ¿no?.
Ah no, claro, que subvencionamos a los lecheros que se portan bien.
La comida y los libros.
Creo que no son el mismo tipo ni de mierda ni de alimento.
No hace falta saber ordeñar vacas para saber ordeñar un libro. Los criterios de selección de lo que es publicable o no no son tan rigurosos como para publicar comida. En ocasiones emborracharse con unos editores y hacerlos reír es criterio más que suficiente. "Este tío es publicable, has visto cómo aguanta la bebida?"
Y así.
Pero, qué digo? Si todo aquello por lo que nos cobran para comer, en un triste y elevado porcentaje, TAMBIÉN es mierda.
La única diferencia que se me ocurre es que existe mierda con precio y mierda sin él.
Pareciera que: sólo los que no son conscientes de cultivar los mejores tomates son los que aportan al mundo los mejores tomates. Un poco de analfabetismo horticultor, por favor, quiero.
mierda libre y en todas sus versiones. Pero la comida, eso esta mal, es lo que nos permite cagar, asi que si pagamos por la entrada, hay que cobrar por la salida! Finalmente, ni la mierda se salva.
No es que entienda mucho lo que usted escribe pero regreso y regreso, es que su patanería me resulta irremediablemente sexy. Así somos.
Era hora que se lo dijese y estoy lista a que me destroce, en el sentido lato del término.
Saluditos
Les pasa a todas; no se haga la interesante, por favor.
a veces gratis es demasiado caro.
saludos M, P, Q, R, S, T, L, V
Carajo, Juan, ¡consigue usted provocar un debate de altura! ¡Tanto comentario sesudo!; ¡es que le hundirán el blog con el peso de los argumentos! Es lo que se llama, verdá, una glosa.
A mí me gustaría que hubiese zombies con tuberías en la mano, en este post sobre la comida y la mierda.
Menos mal, pensé que este libro tampoco te iba a gustar.
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