Palimpsesto. Una memoria (absurdamente traducida al español como Una memoria; ya Palaniuk (sé que no se escribe así) nos regaló en su día Diario. Una novela, por lo que, por favor, todos esos poetas al tresbolillo que abundancian tanto firmen pero ya un poemario titulado Un poemario, que triunfa fijo, y dan esplendor, nos) qué coño decía: el caso es que Una memoria es el primer libro de eso mismo, memorias, de Gore Vidal, un maricón activo activista de todas las causas que molan y vividor de todas las vidas que merecen molar. Un tipo genial.Vidal, otra cosa no, pero es un tipo genial. En Una memoria da cuenta de su ingenio, prosa salaz, sádica, salutérrima: todo es velocidad y tocino del bueno: víscera íntima, quién follaba con quién y demás exigencias del que recuerda. Así en resumen os cuento yo la vida que nos cuenta Gore Vidal: Pues es un chico bien, paidofílico de dar por el culo, nunca de recibir (lo dice él: nunca), que practicó la política, con los demócratas, fue amigo de Kennedys y Newmans, de Tenesse Williams y los Roosevelt, que escribió para la TV y el cine, Ben Hur, Visita a un pequeño planeta, The best man, que con su primera novela, escrita a los 22 años (¡joven jodida promesa!) se hizo millonario y famoso (La ciudad y el pilar de sal) y que odiaba a Capote porque sólo caben dos maricones en el altar de la literatura americana (norte) de la segunda mitad del siglo XX. Hay que joderse.
En Una memoria Vidal batalla contra su país, al que odia con afecto (Vallejo), y, formando parte nuclear de él, arremete contra un mecanismo autodenominado democrático que, en verdad, no es sino dictadura imperial empeorante. Una memoria acaba en los sesenta, justito antes de que le volaran la cabeza a John F.
Así que Navegación a la vista debía empezar por ahí: cómo vio Vidal, amigo de, la voladura de una cabeza y el culo de Jackie deslizándose como una zorra de anuncio descapotable atrás. No lo cuenta.
Navegación a la vista, absurdo, otra vez, título para Point to point navegation (quiere decirse que se navega, por la memoria, sin mapa, al buen tuntún, incluso "a vistazos"; Navegación a la vista, en castellano, suena a: huy, pronto hay que navegar; o, nos espera una travesía, cosa que para nada quiere decir Vidal en su título original; hubiera sido más acertado: Navengando a tientas, por ejemplo; pero vale).
El caso es que Vidal chochea de lo lindo en Navegación a la vista, pues lejos de continuar la deriva (ver DRAE) de su primera memoria (ver Matute) hace una especie de memoria dentro de la memoria, de metamemoria o, sí, palimpsesto, dado que vuelve a los tiempos que ya contó, cuenta las mismas putas cosas (¿no hay correctores, amigos, editores, algo ahí?) y hurta, creo que intencionadamente, un relato pormenorizado del asesinato del presidente de su país. Extraño.
Sigue encendido, el viejo maricón, en esta segunda remembranza. Es interesante siempre, listísimo, lectivo y cínico. Lo adoramos. Su vida es un ajuar hecho de famosos y genios, un sinvivir de vida buena, una cachimba de néctar y poder. Mola.
Y vive, Gore, Vidal, vital, el cabrón; vive en Italia en una mansión portentosa, con mar de fondo y muertos de interior, y uno se pregunta, piensa, si no será el vivir más largo una ventaja de la verdad, una verdad de la ventaja, porque este libro, escrito al compás de la muerte ("Hoy murió Saul Bellow...", por ejemplo; y entonces se recuerda a Saul Bellow), nos dice también que la verdad, la versión que puede quedar, depende y mucho de que el que la diga siga vivo y los otros no, y de que esos otros no den a su vez una versión, por lo que para hacer memoria primero hay que hacer tiempo, esperar la muerte ajena, y luego inventarse la vida de los muertos, juzgarlos sin piedad y, casi, definirlos para la historia.
La memoria no es un género literario, sino una génesis.















7 comentarios:
El tipo posa como un engreído con ese vintageposposposmoderno fondo de empapelado y es un engreído y lo odiamos. Porque es una broma macabra llamarse primero Gore y luego Vidal.
Juzguemos por las portadas. El medio es el mensaje. El mensaje de Gore Vidal es su cara de te voy a dar por el culo.
Pues bien. A mí no.
A Gore Vidal, instrucciones de uso, hay que susurrarle bajito en la entrepierna: Viva Capote, vivo de mierda.
Me ha encantado.
Qué subnormal: ¿Sólo de dar? No me creo nada.
Gracias. No leeré a este idiota.
A mí la portada del libro me gusta mucho.
A Jack Kerouac, sí, Estíbaliz.
¡Ah, qué certero, mal-herido, lo mismo pensamos yo y mis once lobitos, el caso es que unos sobreviven y otros no, entre los que sobreviven, algunos escriben y son unos hijos de puta... bien, la gran mayoría no ve mayor problema a esto! Gracias, a lo mejor lo leo, no sé nada de él
nadie va a creer que escribes algo mal por error, a menos que no te conozca. quita pues ese paréntesis, no des explicaciones.
¡Ah, Lector mal-herido, no es fácil lo tuyo, no es fácil!, ¡ahora, lo de este mariconzuelo (tener obra y nombre, mantenerse en activo como el duendecillo de Mailer y etc) ya tiene más mérito, sigue vivo, vivo y dispuesto a lamerle el sobaco a una legión de nuevos creadores (¡¡¡eso es estar vivo!!!), en fila todos a la puerta de su mansión italiana, todo por la testosterona!
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