viernes 6 de noviembre de 2009

Obra selecta, de Cyril Connolly

Los lectores son felices. Es toda una suerte que alguien, en la literatura, sea feliz. Los escritores no lo son: se pasan el día mirando este blog a ver si les saco, por ejemplo; se pasan el día mirando Babelia a ver si les sacan: otro ejemplo; se pasan el día recibiendo tesinandas a ver si se la sacan: eje del pene. Los editores tampoco son felices. Se pasan el día mirando este blog a ver si les saco. Se pasan el día buscando una obra maestra que les saque de cutres, una obra comercial que les saque de pobres, un cóctel subvencionado que les saque de la edi, toda manuscritos y erratas naturales.

Los agentes no son felices: son mujeres. No son felices.

Los libreros no son felices.

El papel no es feliz.

Sólo son felices, en este horror, los lectores.

Cyril, por ejemplo. Es un lector, un crítico, inglés. Nació para ver nacer la gran literatura moderna; murió para no ver morir la literatura. Es feliz en un cielo donde nadie lee otra cosa que la dulce lectura que ya se hizo.

Obra selecta, en Lumen sin Esther, es ese gran libro del lector. Arranca con un prólogo muy brillante del editor, sin Esther. No sé quién lo escribió, entonces. Sigue Enemigos de la promesa, ensayo sobre todo lo que puede acabar con el talento. Todo puede acabar con el talento (Norman Mailer en Paris Review). Con el talento de Cyril acabó el talento de los demás, que era mucho, que era Joyce, que era Woolf, que era mucho, tú. Se propone el inglés un sueño: escribir algo que dure más de diez años. No es ambicioso, Cyrill. No es escritor y lo sabe: proponte algo que dure más de cien años. Proponte algo que dure más que tú, en definitiva; un libro que dure lo que dura el lector, la vida.

Sigue La tumba inquieta, diario o prosas íntimas, a fuego, en la línea de Leon Bloy y la escritura descarnada. "No merece la pena conocer a nadie mayor de treinta y cinco años que no sea capaz de enseñarnos algo más de lo que pudiéramos aprender por nuestra cuenta con un libro." Es lo mejor del volumen; incluso lo mejor del año que leo: uno de esos textos que son verdad y que son inteligencia.

Después la pedrea: pequeños textos que en su día llenaron periódicos y revistas. Dos, fundamentales, de esos que, como suele decirse (y digo yo mucho respecto a mi polla) deberían enseñarse en las universidades. Son: El movimiento moderno y El nacimiento de la poesía moderna. Años sesenta. Cyril estuvo más abajo, en los años 20, viendo venir lo nuevo, y lo cuenta mejor que nadie, y no dejará que nadie lo cuente mejor que él, nunca.

Los editores han seleccionado muchos obituarios: Hemingway, Cummings, Camus. Vanse muriendo y Cyril los despide por escrito, en un adiós que es un hasta luego, no porque él también acabe por morirse, sino porque en casa tengo tus libros en primeras ediciones. Te abriré esta tarde.

Bibliófico, multimatrimonial, gordito, Cyril encerrado en la feliz lectura. Dice: "No recuerdo la época en que aún no sabía leer".

No recuerdo la época en la que aún no sabía leer.

Dice.


1.000 pp
(para curiosos)

10 comentarios:

Grillo de Obsidiana dijo...

A veces eres malote. Aquí citas a muchos buenos y te dejas atrás otros muy memorables: McGonagall, Reyes Monforte, Lázaro Carreteras, Dragó, Roberto Malo, y sifínter más.

Nos despistas, amor ¡Qué quieres que te diga !

"Nadie se muere de su muerte"

drfloyd dijo...

fantasmas HER- ido

Anónimo dijo...

Por fin alguien de tu talla...

Suerte

Anónimo dijo...

Connolly no fue concebido.

J.

miss eccetera dijo...

"Goethe pensaba que todos los editores son hijos
del diablo y que para ellos debía existir un infierno especial"

Emma dijo...

Me encantan los hombres que se casan!

Juan dijo...

Sobre todo por la iglesia.

especies dijo...

O por los regalos.

Lansky dijo...

Ni de coña te has leído todo este librote. Soy partidario tuyo (más o menos), pero no crédulo

Juan dijo...

Es que tiene la letra muy gorda, tío...