sábado 30 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (y 21)


¿Qué ves en la imagen superior?

1. Una mujer soldado abrazando a una niña.
2. Una madre y su hija.
3. Una persona que viene de matar iraquíes y una niña.
4. El amor de una madre por su hija.
5. El uso publicitario que el Ejército de Estados Unidos hace de los sentimientos de sus soldados.
6. Amor.
7. Muerte.
8. Los buenos.
9. Los malos.
10. Un señor de negro con un maletín.

¿Qué ves en la novela La carretera, de Cormac McCarthy?

1. Nada de lo anterior.

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jueves 28 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (20)

La diferencia entre un best seller y una obra maestra es que el autor de la obra maestra no concede entrevistas.

El best seller y la "obra maestra", sedicente obra maestra, compiten en la misma raya de coca del comercio: cada una posicionada en un extremo de la misma. Donde el best seller besa el márketing, la obra maestra besa el anti-márketing, que es una forma de promoción en negativo: no se dice, no se concede, no se propone, no se ve, no se sabe, no se fotografía, no se está: pero se habla todo el tiempo. El antimarketing es la locuacidad del no.

McCarthy, Salinger y el puto Pynchon son las estrellas del anti-márketing. Toda su obra funciona por orfandad. Todos sus libros son como post it donde se leen mensajes como: Salí fuera; No estoy; Algún día volveré. Mensajes como: Estuve aquí, pero ahora estoy en un sitio más interesante.

En el Día, comprando yogures desnatados, por ejemplo.

La obra en sí (que, como llevo dicho en este post tan serio, es en realidad una obra "en no") no se diferencia químicamente de cualquier libro de Haruki Murakami o Dan Brown. Son libros que consiguen, desde fuera, por sugestión mediática y autosugestión lectora, hacernos creer que una frase como "Te quiero" es una gran frase; o que "Luché por la libertad y la igualdad, y perdí", es una gran frase; o que "Todos somos iguales" es una gran frase. Consiguen, en definitiva, que el lector confunda la "intención de la obra" con "la calidad de la obra".

Si hay tantos lectores devotos de obras mediocres es porque la obra mediocre conecta con nuestro anhelo de entender el mundo. El libro grande de verdad, el Pedro Páramo que lo es y no el que dice que va a serlo, no nos ordena el mundo, sino que nos muestra su caos. Por eso, leerla es leerse a uno mismo. La obra mediocre, sedicente obra maestra, nos ordena incluso a nosotros mismos, dejándonos tranquilos en nuestro ideal moral y político: "Todos somos iguales", "Luché por la libertad", "Te quiero".

Best sellers y obras maestras, sedicentes, muy sedicentes, mucho, narran y cuentan todo todo el tiempo. Nunca crean. Mientras que el best seller sufre, sí, el ataque, sí, crítico de "no vemos a los personajes actuar, sino que sólo se nos dice lo que hacen y cómo son", la obra maestra no recibe nunca este tipo de objeción, igualmente pertinente. Ambos, best sellers y obras maestras, promueven la lectura pasiva.

Narrar por narrar es lo que hace el best seller y la obra maestra, sedicente. Leer por leer es lo que hace el lector de best sellers y obras maestras (sedicentes).

Pero los autores de best sellers y sedicentes obras maestras no escriben por escribir.

Escriben para ser leídos.

Eso es.

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Juan dijo...

"En el siguiente podrías ilustrarnos sobre cómo la verdadera obra maestra crea o cómo es capaz de mostrar su caos."

Se me ocurre: el autor de un best seller se pone a la altura del lector "antes" de escribir la obra, y durante; el autor de un, digamos, buen libro queda a la altura del lector "después" de escribir su obra.

La buena novela es más inteligente que su autor. De ahí que los buenos escritores nos "decepcionen", mientras que los escritores de best seller son todos majísimos y dan talleres literarios muy entretenidos.

Por decir algo más, se me ocurre que un autor que quiera hablar de la realidad (=caos) del mundo, no empieza hablando de, no sé, los crímenes de Ciudad Juárez, sino de que suena el teléfono y sabe quién y es y no lo va a coger. Eso es complejo. Ciudad Juárez, Hitler, la Guerra Civil, no son "complejos"; son, precisamente, simplificaciones históricas.

El periodismo actual, por ejemplo, es una muestra de literatura barata.

Y ya.

martes 26 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (19)



Me gustó más el post.

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lunes 25 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (18)

El otro día pensé que los libros de Mondadori traen las páginas rociadas con cocaína.

lector atento: Eso ya lo has dicho.
juan: ¿En qué burdel?
lector atento: No, no, aquí; en el blog. En otro post.
juan: ¿En otro post? Qué coño dices.

La novela va de un padre y un hijo a los que persigue una banda de fontaneros mientras tratan de llegar a...

lector atento: ¡En otro post sobre La carretera, de Cormac McCarthy!
juan: Jajajaja. Estás gilipollas. Me meto mogollón, pero no tanto que repita post, chaval.

Decía, que van hacia el Sur. El padre lleva una pistola con dos...

lector atento: Con este van 18, Juan...
juan: ¡No me controles los tiros, chaval! Ya tengo una edad para...
lector atento: Es el mismo libro, tío, el mismo todo el tiempo: ¿no te das cuenta?
juan: ...
lector atento (llevándose las manos a la cabeza): ¡Estás atrapado en el día de la McMarmota, Juan! ¡Estás en un blogbucle! Estás enfermo, y eres un puto coñazo.

Me leí 100 páginas, queridos, todo lo que necesita mi genio superior para...

lector atento: Odio La carretera, de Cormac McCarthy. Sueño que me corto la polla, la meto entre las páginas del libro, y se lo doy a mi madre. ¡Para de una puta vez, Juan, por Dios!

Decía (este puto lector atento me está distorsionando la reseña, joder), decía, que, bueno, La carretera...

lector atento: ¡Estamos hasta los cojones de La carretera, de Cormac McCarthy!
juan: Estupendo, pero déjame antes que hable de La carretera, de Cormac McCarthy.

... de Cormac McCarthy, es una obra supina y sutil sobre la soledad de las sílabas silentes. ¡Pronto hará una película Isabel Coixet! O David Trueba, que cambiará de sexo al protagonista para que la protagonice su mujer...

(No me concentro. ¿Será verdad que soy un coñazo? ¿Será verdad que llevo 18 post sobre un libro que ni me gusta? ¿Cómo saldré de aquí? ¿Quién me ayudará? ¿Por qué mis lectores son tan gilipollas? ¿Por qué le robé aquel donut a Dani en preescolar? ¿Por qué mi profesor de mates decía que su polla era también un donut? Es complicado, Freud.)

En La carretera...

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domingo 24 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (17)

Pero permítanme que les hable en esta ocasión de Cormac McCarthy, el nuevo ídolo de los chicos de la generación del gin. En la contraportada de uno de sus libros leo que se sabe muy poco de su vida, que se dice que de joven «llevó la vida de un vagabundo» y que vivió debajo de una torre de perforación petrolífera. Claro, con una vida así, uno comprende que escriba siempre esas historias violentas, descarnadas y llenas de furia primitiva que llenan sus novelas.

El Cormac McCarthy real nació en Rhode Island en 1933 y creció en Tennessee, donde su padre trabajaba como abogado. Después de asistir a una escuela católica fue a la Universidad de Tennesee, donde se graduó en Artes Liberales, pasó cuatro años en el ejército (tres de ellos en Alaska, donde fue el presentador de su propio programa de radio, igual que el Chris Stevens de Doctor en Alaska) y luego regresó a su universidad, donde publicó dos relatos y ganó el Premio Ingram-Merrill durante dos años consecutivos. A continuación se marchó a Chicago, comenzó a escribir su primera novela y se puso a trabajar como mecánico de automóviles. No por mucho tiempo: en 1965, antes de que la novela saliera a la luz, recibió una beca de viajes de la Academia Americana de las Artes y las Letras que le permitió visitar Irlanda, la tierra de sus ancestros, y al año siguiente una beca de dos años de la Fundación Rockefeller gracias a la cual pudo viajar por toda Europa y asentarse durante una temporada en la elegante y glamurosa Ibiza. En 1969 recibió una beca de escritura creativa de la Guggenheim Fellowship. En 1981 recibió otra beca, esta vez una de las llamadas «becas para genios» de la McArthur Fellowship, que le permitió escribir su novela más famosa, Meridiano de sangre. Poco después, McCarthy lograría el éxito comercial con Todos los hermosos caballos.

Todo esto me parece estupendo. Pero ¿por qué un escritor surgido de la universidad y que ha vivido la mayor parte de su vida de becas y ayudas a la creación ha de presentarse ante sus lectores como un trágico renegado que surge del polvo y la violencia de los caminos? ¿Por qué el lector ha de suponer en seguida que la violencia de las novelas de McCarthy brota inconteniblemente de su terrible experiencia vital?

Cuando uno lee un par de páginas de Cormac McCarthy, normalmente las del principio de alguna de sus novelas, tiene la sensación de que está leyendo al mejor escritor de la historia. Cuatro o cinco páginas más allá, la ilusión se desvanece y la fulgurante sucesión de frases geniales se ve reducida en seguida a un tedioso recuento de acciones monótonas y diálogos vacíos. Los «retazos morados» de los que hablaba Wilde nunca fueron tan retazos como lo son en McCarthy: pasajes aislados de prosa genial que no tienen una verdadera función constructiva y que no son otra cosa que retazos, sí, pasajes coloreados, adornos.

Las novelas de McCarthy son, por lo demás, muy aburridas. Sus metáforas son retorcidas y artificiales y no logran conjurar verdaderas imágenes sensoriales o ambientales. No escribe con la imaginación, sino con la mente. Su búsqueda continua de efectos y efectismos es cansada y deprimente. En sus obras no hay verdadera narración, ni tampoco descripción, ni tampoco ninguna combinación de ambas, sino una extraña sucesión de acciones y hechos tediosos, repetitivos y mecánicos. Lavó el plato metálico con arena, lo guardó, se quitó la bota, se abrochó la bota, se puso el sombrero, se metió los dedos en la boca, silbó al caballo, y así página tras página. Cuando repetimos una palabra muchas veces, llega un momento en que se convierte en un simple ruido y ya no sabemos lo que significa. Con las novelas de McCarthy pasa algo parecido: después de leer cincuenta páginas seguidas de uno cualquiera de sus libros uno ya no sabe qué es lo que está leyendo, ni tampoco qué es una novela ni tampoco qué es una historia, o contar una historia, o qué es exactamente la literatura.

Para salir de este abotargamiento, McCarthy emplea el recurso más fácil: llena el texto de escenas asquerosas y violentas. Asco y violencia, la fórmula infalible para que los tontos se crean que están ante un «documento estremecedor» imbuido de un «realismo desgarrador». La violencia de Meridiano de sangre, por ejemplo, es repelente, pero sirve al menos para sacudirnos del adormecimiento de los viajes interminables, insensatos e informes que constituyen la mayor parte de la novela.

En realidad, las novelas de Cormac McCarthy no hablan de un mundo primitivo y distante, sino de nuestro presente urbano y pluritecnificado, una realidad puramente visual y factual donde las sensaciones reales nos son cada vez más ajenas y donde nos dedicamos a consumir obras de arte y de entretenimiento que nos proporcionan experiencias falsas, coloreadas de peligro o exotismo, pero finalmente vacías y carentes de sentido.

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sábado 23 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (16)

Parece muy necesario dejar reposar unos días la impresión que un libro nos ha causado antes de poder emitir un juicio apropiado sobre el mismo. Y digo esto...

Ayer terminé una larga crítica de La carretera, la novela de Cormac McCarthy ganadora de la última edición del Premio Pulitzer para obras de...

Cormac McCarthy conquista al gran público con La carretera. El huraño autor estadounidense se ha convertido en 'best-seller' en su país ...

Hay novelas que a uno lo dejan completamente indiferente, es más, pasados los días ya apenas sí recuerda de qué iba el asunto que proponían, ...

Ante la obviedad de que la literatura española contemporánea gira en torno a este blog, he decidido crear unas ...

Las circunstancias que viven este padre y ese hijo en La carretera, deben encontrarse allí ...

Empezamos a sospecharlo: escribir hoy una novela maestra es casi contraproducente...

La carretera. Un padre y su hijo emprenden un viaje de salvación buscando el mar...

Acabo de terminar de leer el libro titulado La carretera de Cormac McCarthy, ganadora del Pulitzer 2007, y toda una novela. La historia transcurre en un ...

Cormac McCarthy, hijo del abogado Charles Joseph y Gladys Christina McGrail

Cormac McCarthy tiene una ferretería en Tucson, Arizona. Vende tornillos, vende tuercas, vende plomadas. ...

Cormac McCarthy, escritor estadounidense, está considerado por muchos críticos como uno de los novelistas grandes de su tiempo y paradigma de la narrativa.

Cormac McCarthy es sin duda uno de los novelistas más interesantes del momento. Estados Unidos lo considera uno de sus últimos grandes...

Leerlo ahora me toca la fibra paternal. Y escuece más. Léanlo. Y lleven el fuego.

Eso es lo que ejecutan los Coen bajo la historia de Cormac McCarthy que, como siempre, es un noir de carretera. El mérito mayor es que -sin desligarse de...

La primera fue Esta Historia, de Alessandro Baricco, y la segunda La Carretera, de Cormac McCarthy. En ambos casos La carretera como...

Algo que parece habérsele reprochado a libro es su final; al parecer, hay gente que se esperaba otro tipo de desenlace, contagiado del tono...

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viernes 22 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (15)

La primavera es todo M:

MDMA
Mojitos
y
Mamadas

Eso es la primavera para mí. Todo M. Cualquier cosa con M me simpatiza.

lector alfabético: Matanzas.
juan: Las adoro.
lector alfabético: Madrid.
juan: Me corro con Madriz.
lector alfabético: Moros.
juan: ¡Mantas gratis para los moros!

Hostia, se me acaba de ocurrir: con las mantas con las que los guardias civiles cubren a los moros que llegan en pateras y muertos de friolé, con esas mismas mantas, ¡que vendan luego los cedés piratas! ¿No estamos en crisis?

lector listo: ahora tendría que venir el clásico lector X para desdramatizar la dureza de tus chistes, pero pasamos por hoy.
juan: Gracias, joder.

M. Cualquier cosa con M me mola. Hasta McCarthy. Voy a la biblioteca y todo lo que ha escrito McCarthy, McCullers, McEwan y Massiel me tienta el carné. Así que me saqué La carretera, que es una cosa como Mad Max, o sea, doble M, o sea, fetén del alfabeto.

lector que me pasa el M: Oyes, Juan, dile a la ministra lo que es lo que es.
juan: Voy.

JUAN LE DICE A LA MINISTRA LO QUE ES LO QUE ES

A ver, ministra (¡con M!), lo que es lo que es te lo voy a decir yo: ¿cómo cojones legalizas alegremente y en farmacias la píldora de después de follar (por qué cojones la llamamos "del día después" es que no hay días después de ir de vacaciones, después de hacer la compra, después de mirar por una ventana?, un poco de concreción, tú: DESPUÉS DE QUÉ), digo: cómo coño legalizas la píldora del día de después de que a una le metan la polla en el coño, se corran o no, que te puedes, tú sabes, quedar empreñá sin necesidad de ese líquido divino y superior que es el semen (me he perdido, como Nacho Vegas en esa bella canción a la Rosenvinge; qué mona es, qué de píldoras del día después (no necesariamente después de follar) le regalaba yo a esta chica) )estoy super perdido, me ha subido todo el M(, cómo me mola esa frase: me ha subido todo el M. Bajemos de párrafo.

Ministra, ¿cómo coño legalizas la píldora del día después de que te metan la polla en el coño y no el MDMA? Si la píldora esa es una bomba de vaginas, una locura para la entretela, un sí es no es Hiroshima en el coño, mientras que el M, tú sabes, eres joven y hasta tienes un polvo, el MDMA, digo, es la gloria bendita y no pasa nada: ¡todo el mundo es feliz! ¡Legaliza la felicidad, mujer, qué te cuesta! Es tan obvio que ya no tengo argumentos.

Pues La carretera va de un padre y su hijo y una larga anábasis hacia Los Ángeles. Normal, yo cuando me aburro, también me voy pa Los Ángeles, lo malo es que no paso de Móstoles, que aunque rima, la verdad, no es lo mismo.

Pero Móstoles tiene M.

Yeah.

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jueves 21 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (14)

Todos estamos hasta los cojones de la reivindicaciones feministas.

lector: Cierto.

Estamos hasta los huevos de que la Igualdad signifique mejorar la vida de las mujeres. ¿Qué igualdad es esa? Las mujeres estaban pero que muy bien en su casita, con la telenovela y el punto; quién les mandó salir a la calle a mandar y hacer horas en una oficina. Quién les mandó buscarse un trabajo y dejar de tener hijos. Quién les mandó olvidarse del placer de cocinar. Yo, desde luego, no.

lector: ¡Ni yo! Es que son tontas las mujeres.

El caso es que, leyendo La carretera, me he dado cuenta de (es una novela de mierda) una circuns (pero al menos me ha dado algo que pensar, eso sí) tancia insólitamente preterida en el ideario genital progre. A saber: las mamadas.

Sí, señoras ministras, mucha píldora del día después y mucho aborto y mucho matamos niños y salimos sonriendo en las fotos, pero nada dicen ustedes sobre la composición química de los niños. Hay mucho semen en los niños. Sí.

Sí.

lector: Este post va a ser lo más hijoputa que has escrito nunca.
juan: Na, llegué tan alto/bajo que ya ni me alcanzo.

El caso es que las ministras sonrientes creen, como todas las femis malfolladas, que va un macho y todo lo que aporta al feto es que un rato se corrió en tu coño y, como hubo suerte, ahí le acertó el espermatozoide al óvulo, por la misma escuadra. Y listo. Luego la hembra, pobriña, tiene, pobriña, que acaudalar la vida, pobriña, durante 9 largos meses, pobriña, y dar a luz, pobriña, con lo que eso duele, pobriña, y es que hasta Dios nuestro señor creador era un machista que nos quería hacer de sufrir a las mujeres, pobriñas.

Y entonces, por tiempo (un segundo de correrse frente a 9 meses de inquilinato) la hembra, se dice, puede matar si le place a su inquilino: olé.

Pero, ojo, lo que nadie ha dicho, y por eso lo voy a decir yo, es todo lo que el hombre ha seguido aportando a ese feto. A saber, en el caso de la pareja normal, o sea, la que a mí me da la gana, el hombre, como es hombre, tiene que follar, ¡queremos follar mucho, joder, no lo entendéis!, y ese follar mucho implica que la mujer, embarazada, tiene que chupársela habitualmente. Sí, las embarazadas, tan tiernas, en realidad son las chupapollas mayores del reino.

¡Estas son las verdades del barquero! Embarazadas=chupapollas. Nada de ternura. Son putas estrellas del porno.

Y ahonde va todo ese semen de la fidelidad conyugal, ¿eh?, si no es al estómago de la embarazada y, de ahí, al feto que está domiciliado en su vientre, pobriña?

Entonces, señás ministras, ¿cómo es eso de que el hombre no aporta nada al feto, bebé, y niño por venir, eh? Aporta mucho. De hecho, más quisiera él aportar más e inflar a su embarazada mujer de semen.

lectora: Dames ganas de vomitar.
juan: Encimita mía, porfis.

Así las cosas, viva la Igualdad, viva el ministerio de la Igualdad, pero ya va siendo hora de que se cree el ministerio del Semen.

Estamos hasta los cojones de todas estas zorras.

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miércoles 20 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (13)

Radio Malherido. On the road again, de Cannet Heat. ¡Con subtítulos!


On the road again
La carretera

Just can't wait to get on the road again
No puedo esperar para leer otra vez La carretera

The life I love is makin' music with my friends
y eso que no he pasado de la página 100

And I can't wait to get on the road again

pero qué putas ganas de leer La carretera otra vez

On the road again
La carretera, oh,

Goin' places that I've never been
cómo me places ver y bien

Seein' things that I may never see again,
no veo más que rayas de coca por todos lados

And I can't wait to get on the road again.
Oh, Mondadori, tus libros llenos de coca

On the road again
La carretera, yeah,

Like a band of gypsies we go down the highway
sólo a unos gitanos analfaburros puede gustarles esta mierda,

We're the best of friends
el cerebro les fríen

Insisting that the world be turnin' our way
pero insisten que el wok y la turmix es lo mismo

And our way
¡lo mismo!

Is on the road again
¿Estamos hablando del mismo libro, cojones?

Just can't wait to get on the road again
Me corro por quemar el puto libro en tu coño

The life I love is makin' music with my friends
¡los makis no se fríen, joder!

And I can't wait to get on the road again
¡deja de meterte mis putos tiros, zorra!

On the road again
¿te enmarronó alguien?

Like a band of gypsies we go down the highway
vaya banda con síndrome de down, wey

We're the best of friends
¡los best seller se fríen!

Insisting that the world be turnin' our way
y al mundo le importa tres cojones

And our way
y a mí ni te cuento

Is on the road again
es la puta carretera otra puta vez

Just can't wait to get on the road again
no puedo esperar para que vengas a mi casa

The life I love is makin' music with my friends
como una buena amiga

And I can't wait to get on the road again (x2)
y me chupes la polla (dos veces)

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La carretera, de Cormac McCarthy (12)

La literatura es una sucesión de prospectos. Está la medicina, la cosa química, el veneno de la salud, y luego está el papelote, muy doblado, muy con sus partes, su nomenclatura y sus anacolutos: "A dosis normales, Clarityne no afecta a la capacidad de conducir o utilizar máquinas".

¿A dosis normales? Schering-Plough tiene los mismos correctores de estilo que un taller mecánico: ¡ninguno!

Ya dice Francisco Umbral en Diario de un escritor burgués que la medicina no hace efecto, lo que hace efecto es el prospecto.

La carretera es un prospecto pero ¿de qué medicina? ¿Un tranquilizante? ¿Un analgésico? ¿Un antihistamínico?

¿Un best seller?

¿Cyclon B?

La literatura es ir apilando prospectos de medicinas que no existen. Entre la enfermedad y el prospecto, nos falta la cosa que nos cura, el medicamentón definitivo.

Leer La carretera es enfermar un poco (mírame a mí; mírame la polla, por ejemplo, caída), porque como prospecto no convence: no me hace creer que en ese espacio enorme que media entre la muerte y la letra hay un medicamento que funciona, una química que quedará mañana.

Los prospectos de la literatura, a dosis normales, afectan y mucho a mi capacidad de conducir o utilizar la máquina que soy.

A dosis excesivas, como ésta de La carretera, hacen que me atropelle a mí mismo.

Y que vuelva a la botica de la abuela.

Al agua. A Kafka. Al semen.

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martes 19 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarhty (11)

Sí, nena, sí: ¡la literatura!

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domingo 17 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (10)

Para que no pasen estas cosas de La carretera es para lo que sirven los gobiernos. Un gobierno nos protege de nosotros mismos y de nuestra tendencia a no hacer la cama. Empezamos no haciendo la cama y acabamos comiéndonos a nuestros vecinos y dando por el culo a los perros pequineses. El gobierno siempre tiene razón, porque no hay más razón que la razón del gobierno.

De ahí que, leyendo esta interesante distopia de McCarthy, me se haya ocurrido lo siguiente, que planteo a continuo para utilidad y ejecución del santo Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, que Dios guarde y goce.

Digo yo: oyes, ¿no hay muchas tías chupando pollas en el internet? En serio: yo cada día me veo como a 56 chicas menores de 40 y mayores de 18 con una polla en la boca. Y pienso: joder, sí que hay tías chupando pollas en el Internet, y me pregunto: ¿cómo cuantas putas chicas habrá en el Internet chupando pollas? ¿Qué porcentaje de las mujeres totales?

Es que ve uno pollas y bocas y caras y pollas y bocas y dice: joder, sí que hay chicas que se dejan fotografiar chupando pollón y luego dejan que su novio las cuelgue... ¿Qué porcentaje?

Yo para mí que debe de haber 1 de cada 5 chicas menores de 40 años fotografiada con una polla en la boca y puesta en el Internet.

Un 20% de la putablación mundial.

Asín las cosas, digo yo, y ¿por qué cuando vas a Estados Unidos te hacen un afoto en la puerta para que veas que el negocio de los fotomatones no es boyante y no decidas quedarte y abrir uno? ¿Eh? Eso es una puta ruina en digitalización y tomatización de las susodichas fotos. ¡Un pastón! Seguro que han tenido que reducir el número de misiles que apuntan al coño de Carla Bruni. ¡Los han reducido a cuatro! Pobre Carla, lambre que va a pasar...

Entonces, Gobierno de USA, propongo: por qué no vas y coges las fotos, que ya están hechas, de las susodichas chupapollas y las usas como visado de entrada en tu país, ¿eh? Ahorras mucha cámara, y además pones cachondos a los operarios del aeropuerto.

(simulación)
operario: A ver, pasaporte.
doña: Aquí tenés.
operario: A ver, foto.
doña: Mira en la web taltal tal pascual. La de la polla en la boca soy yo.
operario (copia y pega): Pase y chupe en el país de Dios.
doña: A eso vengo.

¿No es más fácil? ¿No salen mejor las fotos? ¿No sacamos de todas las chicas su lado bueno? ¿No es domingo hoy?

¡Pues alegría y a comulgar!

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miércoles 13 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (9)

Cormac McCarthy tiene una ferretería en Tucson, Arizona. Vende tornillos, vende tuercas, vende plomadas. ¿Qué coño no vende Cormac?

¡Vende libros! ¿Qué coño no vende Cormac?

juan (a Cormac): ¿Me vendes a tu sobrinita?
Cormac: Toda tuya.
juan (al mismo): ¿Me vendes a tu sobrinito?
Cormac: Tuyo pa siempre.
juan (al ídem): ¿Me vendes tu juventud perdida?
Cormac: Si pudiera... ¡sí!

Cabrón, lo que vende. Vende mucho, Mc; Mc, vende mucho. Seguro que va al McDonald y les vende él a ellos: tuercas, tornillos, plomadas y libros; y luego se va sin comerse una hamburguesa, que eso da cáncer y lleva mucho IVA. Y mucho gato.

Por qué vende tanto Mc. Porque sabe lo que quiere el público. Qué quiere el público. ¡Hamburguesas!

Y brocas.

Mc, ferretería en Tucson, aprendió a vender muy pronto. De niño, su padre le dio una alcayata y le dijo: como no la vendas en menos de 3 segundos te corto el cuello. Y Mc la vendió en 2 segundos. Y se dijo: yo valgo para vender alcayatas, que es una cosa muy compleja; así que si hago libros, que es una cosa simplona, me forro.

Y se forró.

De ahí, presumo, que en sus libros salga tanta quincalla; tanto compresor; tanta tubería en la mano de los malos. La tubería y Mc son uña y carne, como los negros y las pateras.

lector progre: Me irritó.

Pues ponles un yate, cabrón.

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martes 12 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (8)

Me ha gustado bastante este librito de Roland Topor, francés por más señas y parisino de adoquín pánico. Parece que junto a Jodorowski y Arrabal formaron hace tiempo comandita artística, vanguardia descacharrante, prestigio pa poder vivir cuando viejitos. Topor se murió en 1997, mientras que Jodorowski y Arrabal siguen vivos e insoportables, haciendo tele y libros, teatro y columnismo coñazo, insatisficiendo su nombradía y haciendo que nos preguntemos: ¿quién coño son estos gilipollas?

¡El Grupo Pánico! ¿Y? ¡El Grupo Pánico! ¡Ah, el Grupo Pánico! ¡Oh!

Tenían 30 y pico de años, los tres. Eso explica que molaran un poco. Con 30 y pico los años es fácil molar porque tu cuerpo aguanta las drogas y el spleen y quedas bien en las fotos. Luego envejeces y te tiene que poner Garcia Alix una columna en mitad del jeto para que no se te vea lo burgués. Sí.

El caso es que Memorias de un carroza sólo tiene 3 entradas en google. Muy triste. Desde aquí ordeno a las editoriales indies y molonas (ellas saben quiénes son) que reediten este librico cuanto antes: es gracioso, es corto y parece que no está. Va.

Va de un pintor egocéntrico que cuenta su vida para hacernos notar que ÉL está detrás de todos los movimientos artísticos fundamentales del siglo XX. Un adelantado a su época, vamos. Una ucronía, vamos. Una visión prismática de la historia del Arte, vamos. Una falsificación, vamos. Un libro de Historia como cualquier otro, en definitiva.

Esto es como el Diario de un genio de Dalí mezclado con Forrest Gump.

Aunque al final se vuelve un poco automático, sin gracia, sólo intención.

Como Arrabal.

O yo.

Genios.



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lunes 11 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (7)

(Cabeza-cuartel de Lector Malherido, lunes, pero no este lunes, sino un lunes en general; a lo mejor martes; pero no un martes en concreto, sino un martes en general; a lo mejor un miércoles; etc. Cabeza-cuartel, eso ya lo he dicho. Sede del sado. Las mujeres duermen porque se está hablando de cosas importantes. Diseño.)

diseñador en chef: Juan, aquí puedes ver el fruto de 3 meses de trabajo.

(Extiende sobre la mesa la frutería de su talento de diseñante)

Juan (repasa en 3 segundos, en diagonal, el frutal de 3 meses de curro): Es una puta mierda.

diseñado en chef: Lo sé. Nunca alcanzará nadie la perfección y sutileza del diseño de tu polla.

Juan: Esto es un reunión de trabajo, no me hagas mobbing.

diseñador en chef (noten las minúsculas): No es mobbing, jefe; es acaso sesual.

Juan: ¿A eso lo llamas acaso sesual? ¡Tócame un poco las próstatas por debajo de la mesa, al menos, mierda de diseñador en chef! Así, así... Ahora mordisquea putamente un lapicero blando para ponerlo duro... Muy bien... Ya ocurres como Dios manda.

diseñador en chef: Ay, qué dura la vida del currito. El caso: estos son los diseños: una polla, un rayo matador, un PC, un pinche huevón, una mujer ahorcada, un niño partido en dos, un corazoncito dorado, la cara de Martin Amis, el culo de Oprah Winfrey, un Obama blanco...

Juan: ¿Un Obama blanco?

diseñador en chef: Pensé que te iba a gustar.

Juan: I dont like ninguno de estos iconos. ¿Qué hace la competencia, por no llamarla: la puta mierda de la competencia?

diseñador en chef: El Qué leer, que Dios hunda, pone tinteros.

Juan: ¿Tinteros? ¿Critican sólo libros de Cervantes o qué? ¡Tinteros!

diseñador en chef: Y los demás ponen estrellitas, como en las pelis.

Juan: Buah.

diseñador en chef: Siempre 4. Una es mala, cuatro es excelente, y dos y tres es medio mierda para un lado medio mierda para el otro. A mi juicio es un modo laxo e insustancial de reseñar libros o pelis.

Juan: Tu juicio me importa tres cojones. Mientras encuentras el icono adecuado, usemos arrobas.

diseñador en chef: Vaya mierda.

Juan: Lo sé: es lunes.

diseñador en chef: Lunes en general.

Juan: Lunes en general, y no estamos muy frescos después de tanta puta cara.

Así: novela muy buena: @@@@, novela buena: @@@; novela regular: @@; novela mala: @. Novela de la editorial Planeta: $. Novela de una mujer: ?. Novela de un marica: ¿.

diseñador en chef: Ok. Listo. Me voy que tengo una entrevista de trabajo para irme de esta puta mierda de empresa llamada Lector Malherido.

Juan: ¡No se te olvide poner la foto en el ceuve, que si no te lo tiran a la basura!

Ahora estrenaremos el nuevo sistema de pesos y medidas literarios con La carretera, de Cormac McCarthy.

Autor: Cormac McCarthy
Obra: La carretera
Editorial: Cocaína-Mondadori
Puntaje: @
Jo, qué nazi-fácil.

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jueves 7 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (6)

Pocos libros pueden encontrarse hoy en día que alcancen el rigor y el interés de la última novela de Cormac McCarthy. La carretera supone acrisolar todo el talento que, de forma más caudalosa, el autor norteamericano ha ido desarrollando durante las últimas décadas. Hay que decirlo cuanto antes: la maestría puesta al servicio de la síntesis da lugar a obras que son, en cierta forma, como legados decisivos, como breviarios de literatura; casi catecismos de una estética. La carretera es una de esas obras.

Un padre y su hijo, brillantemente innominados a lo largo de toda la narración, viajan hacia al sur en medio de un paraje post-apocalíptico. Asistidos tan sólo por los alimentos que transportan en un carrito de supermercado y casi inermes (dos balas es todo lo que aloja el revólver que empuña el padre), la pareja protagónica recorre una carretera interminable e infernal, asediada por bandas caníbales y por el propio desfallecimiento. A medida que los alimentos escasean, la historia nos conduce hasta el verdadero núcleo de su propuesta, el nervio filosófico que alienta sus impagables páginas: el deber de un padre de proteger a su hijo.

McCarthy acierta en la elección de una prosa seca, casi poemática, que a veces recuerda al Kafka menos simbólico, otras al estilo coordinativo de autores como Bret Easton Ellis, y otras, finalmente, a la lírica cruda de una Anne Sexton o un ee cummings en sus respectivas ergástulas de dolor.

Desoladora, apabullante, La carretera es una novela que atrapa al lector hasta la última página, tanto por el dinamismo de su acción (sabiamente pautada) como por el afloramiento orgánico de una masa emocional que McCarthy nos oculta con deliciosa crueldad.

Una de las novelas más importantes del Siglo XXI. Un portento. Léanla.

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miércoles 6 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (5)

Es verdad que últimamente todos nos estamos follando a las chicas sin condón. Es verdad que nos enseñaron de niños que el SIDA mata maricas y luego todo lo demás, esto es, a las personas decentes. Pero también lo es que usar el condón tiene sus peligros: ¡y ahora lo estamos viendo!

¡Pánico! ¡Pánico! ¡Desasosiego!

¡Resulta que la técnica masculino-dental de abrir el envoltorio del preservativo con los dientes va a acabar con nosotros! Son ya numerosos los CASOS de tipos GILIPOLLAS pero, a fin de cuentas, decentes, que al abrir el envoltorio del condón con los palatales van y se quedan con un trocito de envoltorio entre los dientes: ¡horror!

Dos casos han sido detectados en Cuenca; 3 en México y, ojo, 15 en Sevilla (los sevillanos son los más retards de España). En el mundo mundial planetario parece que hay un totalis de 989 personas con un trocito de envoltorio de condón entre los dientes. ¡Casi mil personas de entre los 6.671.679.034 personas humanas!

lector analista televisivo (tiene también una columna en ABC y dice gilipolleces en cuatro radios -al mismo tiempo-): Eso representa un 0,00000000000000000001% de la población mundial.
juan: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Qué empavorecedor!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¿Moriremos? ¿Follaremos? ¿Se nos comerá el cuerpo el trocito de envoltorio de condón? ¿Seremos capaces de parar esta EPIDEMIA tan angustiante y desasosegante? ¿Saldrá en PORTADA de El País y del Público y de Gilipolleces este peligro para nuestras familias y nuestra dentina? ¿Eh?

Temed, temed, ¡PÁNICO EN LAS CALLES!

Coño, si ya en La carretera, de Cormarc McCarthy, hubo una epidemia y al final acabaron todos con tuberías en la mano.

¡No es ninguna broma!

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martes 5 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (4)

Ante la obviedad de que la literatura española contemporánea gira en torno a este blog, he decidido crear unas camisetas promocionales destinadas a todos esos autores que, antes de enviarle su mailcito diario a Jorge Herralde, miran mis posts.

Son tres. Una dice: "No vas a salir en Lector Malherido en tu puta vida". La tenemos en rojo y verde; tallas S y M. L no porque, a partir de 120 kilos, un autor es considerado en este blog como un genio de la literatura.

Otra dice: "Soy poeta, dame de hostias." La tenemos en los mismos colores y tallas que la anterior; también con cuello de pico, para que las poetisas hagan asomar por ahí todo su verdadero talento.

La otra dice: "Me follé al malherido". Serie limitada y numerada (de nº1 a nº1000).

Quedan quince catorce.

El libro.


Pues el libro este no es pa camisetas, sino pa pelis; pa videojuegos también, pero los videojuegos han alcanzado tal calidad de guión que La carretera sólo podría comercializarse en Somalia, país que va por el Resident Evil 2 entodavía.

Es una novela (la he dejado a la mitad) donde un padre y su hijo las pasan putas sin la puta de la mujer (ubi sunt? Nobody sabe; Daremo shiranai) en un país que ha sufrido una hecatombe inedintificada que, eso sí, ha cubrido todo de dust y ha hecho que la gente agarre tuberías (?) para salir a matarse o algo. No sé.

La he dejado a la mitad: no sé si lo he dicho. (Las drogas y el PSOE son así: no sabes si lo has dicho.)

Podéis encargar vuestras camisetas en el sexoensopa más cercano y en misa de 12.

¡Rápido, que se acaban!

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lunes 4 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (3)

La historia arranca con polvo. Mucho polvo. Pasas páginas y pasas polvo; hasta parece que los dedos se te cargan de polvo. Pero no es mérito de McCarthy, sino de la editorial Mondadori, que rocía con cocaína el papel de sus novelas.

(Es la única manera de que los lectores de Salman Rushdie viajen a Oriente ...)

lector killer: Oyes, ¿y al Rushdie este no era que lo iban a matar?
juan: ¡Claro! Llevan matándolo 20 años. Es que cuesta mucho encontrar su mansión: cuando van a la de Londres, está en la de Nueva York, y cuando van a la de Nueva York, ¡está en la de Londres!
lector killer: Sí, eso lo complica todo.

El caso: en La carretera no follan, y mira que da ganas el asfalto de potenciar la polla y poner a las perritas mirando a Cuenca City mientras les indicas con el dedo el desvío cuya fatal omisión les ha costado el coño.

El número 4, niña.

Me pregunto cómo van a hacer una película con este texto sin Jessica Alba o Rosario Dawnson revolcándose por el polvo de la "brillante" adaptación. Sí. Me pregunto quién querrá hacer de protagonista si no se puede follar a Jessica Alba. Me pregunto por qué Jessica Alba no me chupa la polla. ¿Le he hecho algo? ¿Algo malo? Jo. Me pregunto tantas cosas.

Como por qué escribo sobre esta novela si en realidad no tengo nada que decir sobre ella.

Pero n
ada.

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domingo 3 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (2)

La gran novela sobre la soledad es el catálogo de Ikea. Ahora ando leyéndola. Me aburren tanto las novelas aposta que estoy dedicado a las novelas sin querer. El diccionario, por ejemplo. El censo electoral del barrio de Salamanca de Madrid, también. Lo que venga escrito sobre el top de las primeras 200 zorras que doblen una esquina, cómo no. Casi siempre pone, precisamente: I am a bitch.

La carretera me recuerda a El viejo y el mar, de Hemingway, Ernst. Es una novela que parece una gran novela. Del mismo modo que, si entras al cine, y la película es lenta y los personajes se quedan mucho rato quitándose la pelusilla del jersey, consideras que estás viendo una obra maestra, si lees un libro en el que las coordenadas narrativas son simbólicas, te apuntas enseguida a la opinión colectiva de que eso es una obra maestra de la literatura.

lector que acaba de salir de misa para mezclar a Dios en su estómago con unas gambas: Esto es demasiado complejo para un domingo, tío.

Ya.

El caso es que si uno escribe una novela en la que no se da el nombre de los personajes, en la que no se dice qué ha pasado, en la que hay mucho polvo pero nada más que polvo, y en la que se describen con pasión ferretera todas las partes de un tornillo, los lectores idiotas (que son todos los que leen, porque hay que ser muy gilipollas para abrir un libro con la que está cayendo primavera abajo) consideran que están ante algo "importante."

Eso pasa con El viejo y el mar.

La calidad literaria es un cliché.

Como el color de las botellas de vino.

Sabemos que llevan vino sin leer "vino" en la etiqueta. Sin que nadie nos lo diga. Sin que la hayamos siquiera abierto.

Cuando finalmente bebemos el vino de esa botella decimos: Está bueno, está malo. No decimos: es vino.

Lo damos por hecho.

Hay novelas que ganan mucho antes de leerlas.

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viernes 1 de mayo de 2009

La carretera, de Cormac McCarthy (1)

El otro día pensé que los libros de Mondadori tienen las páginas rociadas con cocaína. Lo pensé sin más. También es verdad que me estaban enseñando a hacer rayas de coca sin pisar las As (dicen que sube más) de una página de un libro infantil (creo que de Daniel Pennac) y que pude establecer una generosa asociación de ideas: Mondadori=Cocaína.

Pero no. Realmente los libros de Mondadori traen las páginas nevaditas. Da mucho gusto pasarles las yemas de los dedos, como a las Biblias y al culo de las hijas de tu bro.

lector brújula: Juan, que te pierdes. Mc.

Eso: Mc. Pues Mc es un escritor de USA que goza de un gran prestigio porque sus libros nos hablan de cosas así de esas que dan prestigio: qué coño sé yo. ¿Por qué tiene prestigio Mc? Ni puta idea. Hay muchas Cs en su nombre: eso hay que reconocérselo sin mezquindad.

¡Cuatro putas Cs!

La carretera: os puedo hacer 1/2 sinopsis, puesto que he puesto el punto final al supuesto genio de Mc en la mitad sacta de su obra magisterial.

1/2 de sinopsis. Entonces van un padre y un hijo por un mundo sin desempolvar. Algo nuclearoso, especulan los zoilos. En realidad, es sólo polvo, que no deja ver y, cuando pisas, tus huellas quedan ahí para las descripciones profundas. Oh, las huellas. Entonces van, digo, el padre, que parece sacado de Padres forzosos, y el hijo, que parece sacado de un colegio de retards. El hijo es gilipollas. Sólo dice "Vale". Esa es la única palabra que conoce. Entonces, como digo con meriadana sintaxis, el padre y el hijo van hacia el Sur, porque en el Sur hace calor, y no es cuestión de vivir arrimados, que luego viene la pederastia y te critican desde El País. Van hacia el Sur con su carrito de los helados y una pistola con dos balas. Hay unos "malos" que son gente turbia con tuberías en la mano (?). A uno le pega un tiro el padre porque toca a su hijo. ¡Huy, qué pillo! Y huy qué emoción que sólo le queda una bala. ¡Huy! Luego, a ver, luego van y se quedan sin nada que comer. ¡Huy qué puta emoción! ¡Qué tensión! ¡Qué dramatismo! Y, de pronto, toma, se encuentran un búnker lleno de peras y otras cosas del comer. ¡Y comen peras! Y el padre le dice al hijo: no comas muchas que vas a vomitar. ¡Pillín! (El semen con las peras: malo). Y luego siguen hacia el Sur y yo, va dicho, me bajo en los medios.

Adoro los diálogos:

"¿Crees que nos encontrarán?
No. No nos encontrarán.
Podrían encontrarnos.
No. Seguro que no nos encontrarán."

y:

"¿Eran los buenos?
Sí. Eran buenos.
Como nosotros.
Como nosotros. Sí.
Entonces no hay problema.
No. Ningún problema"

¡Guau! Guau. Pero Guau. Sí. Guau.

lector perro: Guau.

Guau. Claramente guau.

¿Guau?

Qué sí, cojones, guau.

Y miau.

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Este post es el primero de una serie que, en honor a Queneau, denominaremos Que sí: consiste en escribir siempre sobre el mismo libro, en lugar de tener que leerme más, dado que, como es de todos conocido, casi nunca digo nada del libro por lo que, lógicamente, no sé para qué me molesto en leer/no leer más libros.

Esta nueva genialidad debida a mi cerebro superior pretende demostrar asimismo la arbitrariedad absoluta del pensamiento, la volubilidad del criterio literario y la cantidad de tonterías que me conforman.

Aparte del hecho de que no tengo nada que leer...